El sol muestra ya sus débiles rayos, tras un día caluroso, para dar paso a una ligera brisa. Ya han desaparecido, las chaquetas y abrigos que escondían tu piel, para dejarla libre, a merced del aire fresco y la luz de una tarde de primavera.
Vamos paseando de la mano, me hablas y te escucho. Estás tan guapa como siempre, quizás más, no lo sé, pero no puedo parar de mirarte.
Ves un puesto de helados, me tiras de la mano, yo solamente me río. Te suelto, y con paso ligero vas hasta el puestecillo, suspiro mientras pienso, tan guapa, tan mujer y a la vez tan niña, quizás eso fue lo que me enamoro de ti.
- Un cucurucho de fresa para mi.
- Otro de vainilla y chocolate para mi,- digo rápidamente mientras me agarro a la cintura de mi chica.
- Aquí tenéis, dice el viejecillo del puesto mientras Lidia coge los helados.
- Pago yo, aquí tiene, respondo inmediatamente mientras le guiño un ojo a mi chica.
- Pues muchas gracias muchachos,que aprovechéis.
Enseguida comienzas con tu helado, mientras me coges de nuevo de la mano.
- Ummm que rico.
- Si, la verdad es que están buenos, te respondo mientras le pego un lametón.
- Como sigas así me vas a volver en una consentida, ¿sabes?, me dices con voz pícara.
- Ahh, ¿ pero que no lo eras?, respondo con una sonrisa pícara.
- Tonto... , me respondes fingiendo estar ofendida.
- Con tanto llamarme tonto, un día me lo voy a creer y todo.
- ¿ Y no será por qué lo eres?.
- Puede ser..., sonrío.
- Gracias por el helado, me dices con voz de niña pequeña.
- Ya ves tú, te apreto fuerte la mano mientras te sonrío.
Comienzan a encenderse las luces de la urbanización, mientras desaparecen los últimos claros de sol. Aun hay niños jugando en la calle, gente paseando a sus perros, gente bicicleta, nosotros...
Una tarde agradable la verdad.
- Me gusta tú urbanización, Lidia.
-¿ Sí ?, ¿ y eso?, preguntas curiosa.
- No sé, la gente, los jardines... el ambiente que se respira aquí, me gustan.
- El tuyo, tampoco está nada mal, algo lejos de la ciudad, pero está muy bien.
- Ya, pero...- me quedo mudo un instante, mientras clavo mi mirada en un punto concreto.
- ¿ Qué pasa?, ¿ qué miras?.- me dices con una sonrisa, mientras intentas buscar ese punto al que miro.
- Dios... - sueltas, cuando te das cuenta hacia donde miro,- hacía tiempo que no veía a Pedro por aquí...
- ¿ Qué hace este tío aquí?,- pregunto con tono serio.
- Creo que está saliendo con una que vive por aquí cerca.
- ¿ Quién narices se enamoraría de una rata como él?.
- No lo sé, pero hay que estar muy perdida,- respondes mientras le das un lametón al helado.
- Toma,- te suelto de la mano, y te entrego mi helado- ahora vuelvo.
- ¿ A dónde vas?,- preguntas asustada.
- A tener una conversación.
Con paso firme y ligero me dirijo hasta estar a pocos pasos de su espalda.
- Hey,- grito con fuerza.
El que era mi amigo se para en seco, y se gira, al verme puedo ver que su cara es todo un cuadro, blanco como la leche.
- Veo que aun, te acuerdas de mi, ¿eh?.
- Ho.. Hola Dani, responde con miedo.
- Vaya... cuanto tiempo, ¿ qué tal tu vida?,- continuo con voz chulesca,- ¿ qué pasa Pedrín?, ¿ te ha comido la lengua el gato?.
- Pues... bien, ¿ y tú.. tú qué tal?,- responde con miedo.
-¿ Yo?, pues... genial, con ganas de partirte la cara,- le contesto mientras cierro el puño y lo miro fingiendo una sonrisa.
- Tío... no,- y antes de que termine la frase, mi puño fue a parar a su cara provocando que se cayera al suelo por el golpe.
Entonces, comencé a darle patadas, mientras se retorcía de dolor en el suelo. A cada patada le seguía otra mas fuerte, estaba fuera de mi, no podía controlarme, algo en mi me guiaba y no podía dejarme pensar con claridad.
Mientras tanto se oían los gritos de Lidia ¡ Dani, para! ¡ Daniiii! ¡ Para ya, joder!, pero yo seguía inmune no podía dejarle de darle patadas y ahora también puñetazos.
La gente comenzó a salir de sus casas, asustadas por el escándalo, mientras que Lidia salía corriendo hacía a mí. Me cogió del brazo, y algo me hizo parar, eran sus manos, la mire a los ojos, estaban llorosos, se podía ver el miedo en ellos.
- ¡ Dani déjalo ya, lo vas a matar!,- decía mi chica mientras lloraba ahogadamente.- por favor...
En ese mismo momento, algo en mí pareció reaccionar, volví a la realidad. Me miré mis puños, los abrí estaban llenos de sangre. Mire a Pedro, otra vez, me eche hacia atrás, sentí miedo de mi mismo, ¿ qué había hecho?.
- Yo...- fue lo único que puede soltar por mi boca.
- Dani, ¡ te odio! ¡ Te odio! ¡ Eres un cabrón!,- gritabas sin parar.- ¡ Te odioooooooooo!,- gritaste por última vez mientras salias corriendo y llorando a la vez.
En ese mismo instante miré a mi alrededor, y pude ver cinco o seis personas cuchicheando, mirándome. No sabía que hacer, tenía miedo, no podía pensar. Cerré los ojos y eché a correr.
Algunos errores pueden cambiarnos la vida. Algunos de ellos nos hacen tropezar, otros nos enseñan a levantarnos y hacernos más fuertes pero otros son capaces de romper hasta los lazos más fuertes jamás creados. Esos son los errores, que más nos duelen, aquellos que rompen una parte en nosotros.
