Hay veces que notas que el mundo se para a tu alrededor, no hay ruido, solo tú, y esa voz. Sí esa voz interior que te hace pensar, te abstrae y te envuelve en tu propio mundo.
Pues eso me pasaba a mí, después de tanto acontecimiento junto, quería estar en mi propio mundo, aislado de todo y de todos, aferrándome al eco de mi voz y así poder escapar.
Acostado en la cama, tapado hasta la cabeza con un manta como cuando era pequeño, y pensaba que bajo ella estaba el lugar más seguro del mundo, donde ninguno de mis miedo podía entrar.
Me siento indefenso, con un sentimiento extraño en mi interior, entre tristeza e ira, que se mezclan a la ver y no me dejan hacer nada, solo estar inmóvil, esperando que pase el tiempo.
En algunos momentos pude oir el teléfono, pero enseguida cerraba los ojos y me volvía a dormir, hasta que no sé cuando, ni cómo, ni por qué, me desperté algo confuso, miré el reloj las once y media de la noche, madre mía, pensé, me había tirado media tarde durmiendo.
Me levanté lentamente y me fui a la cocina sin hacer mucho ruido. Pase al lado del salón, donde estaba mi madre viendo la televisión, la cual se dio cuenta de mi presencia y se levantó.
- Vaya siesta, te has pegado Dani,- me dijo con un tono afable.
- Ya... es que estaba cansado,- le contesté con una sonrisa forzada- ¿ hay alguna sobra para cenar?
- Creo que no, pero si quieres te preparo algo.
- No, gracias tampoco tengo mucho hambre, voy a cogerme una manzana, me voy a duchar y después otra vez a la cama.
- Umm,- pude oír en un suspiro,- está bien... pero deberías comer algo más, o te vas a quedar en los huesos.
- Jajaja, si claro,- le respondí, mientras sacaba musculo,- no te preocupes que no paso hambre,- le contesté a la vez que le daba un beso en la mejilla.
- Te quiero, Dani- pude oír a lo lejos mientras subía las escaleras.
- Yo también, mamá.
Subí a mi cuarto para coger algo de ropa, necesitaba una buena ducha que me despejase y se llevara todo lo sucedido.
Enseguida como en un instante, pude notar como el agua caliente caía sobre mi piel, provocando que se erizara por el contraste de temperatura.
Un poco más tarde, ya estaba secándome el pelo, cuando me miré al espejo, me quede embobado un momento, pero enseguida puse mi mirada en otro objetivo, mi móvil. Le di a la pantalla, para ver la hora, pero en lo que menos me fijé fue en el reloj, sino en la foto de fondo. Éramos ella y yo, abrazados y mirándonos con cariño.
Suspiro, al recordar como de tu boca salían aquellos te odio, y de como en tus ojos se palpaba el miedo, y en cada suspiro, me pregunto cómo puede hacerte eso.
De repente un estruendo que me devolvió a la realidad, era un whatsapp de Juan diciéndome que si podía llamarme, a lo que yo le respondí que sí. Enseguida comenzó sonar el fijo de mi casa, al que rápidamente contesté.
- ¡Hey!,- pude ir por el auricular.
- Hola,- respondí tajante.
- Ya me he enterado de lo de esta tarde, tío...
-Bueno... ¿ y qué?,- suspiré antes de continuar-¿ Tú también me vas a decir que me he pasado y que está mal y todo esos rollos?.
- Bueno bien no te voy a decir que está, pero yo también le hubiera metido una buena tunda, porque no puedo levantarme de la silla que si no... ese hace ya que estaría muerto.
Se hizo el silencio por un momento, el cual aprovechó Juan para seguir hablando.
- Tío, Dani, el Dani que conozco se hubiera reído, anímate anda,- suelta un suspiro largo- Dani, tu me ayudaste con lo del accidente, estuviste ahí cuando más lo necesitaba y no me dejaste que me deprimiera, así que pienso hacer lo mismo, porque soy tu amigo, y no pienso descansar hasta que vuelvas a ser el mismo.
- Muchas gracias, pero no estoy así por el gilipollas ese, sino por...
- Por Lidia, ¿ verdad?.
- Sí, es que aun tengo su cara grabada en mi cabeza tío, no sé lo que me paso estaba fuera de mí, y ella llorando y gritando para que parara y yo, ni caso... soy un mierda.
-¿ Un mierda? Tú no eres eso, y lo sabes, y respecto a Lidia, está recuperándose del susto según me ha dicho Lucía, pero lo mejor es que dejes que pasen unos días, para que se enfríen las cosas un poco.
- Ya... pero, ¿ y después? No voy a ser capaz de mirarla a los ojos...
- Después, todo puede pasar... así que mañana te vienes para mi casa y nos echamos unos vicios, ¿ qué me dices?.
- Está bien,- respondí mientras sonreía.
- Bueno pues mañana nos vemos, y prométeme que esta noche no vas a pensar en nada ni nadie, ¿ vale?,- me dijo con tono autoritativo.
- Sí, papá,- bromeé.
- Ese es mi Dani, jajaja, cuidate, adiós.
