Hace ya un tiempo desde mi última entrada, y desde que deje el "lápiz" o más bien el "teclado". Quizás ya nadie me lea, y quizás nadie lea esto nunca, pero hoy es un día perfecto para escribir.
No es que sea uno de los mejores días, pero a veces las palabras se van acumulando en tu interior hasta el punto de querer escapar una a una. Hoy, alguien que llegó inesperadamente, se ha ido de la misma manera.
Recuerdo perfectamente, el día que lo vi por primera vez. Perdido, sin saber que hacer, intentando sobrevivir. Aún puedo ver como el cálido y dorado sol, le hacía distinguirse del resto. Pero ese miedo, que tenía se transformó en un eterno y enorme agradecimiento diario. Cada día, llenabas la casa con tu canto, con tu alegría, con tu aúreo corazón.
En poco tiempo, te convertiste en un miembro más, en un pequeño compañero de viaje, del viaje, que es esta vida. Cierto es que no hemos estado mucho tiempo juntos, pero aún así has demostrado que esa pequeña bomba llamada corazón, estaba llena de agradecimiento incondicional. Siempre recordaré cuando me veías y te ponías a cantarme y piar, a la vez que dabas unos pequeños saltitos.
Tan sólo decirte, que llegaste libremente y de igualmente forma te fuiste, ahora y siempre serás libre, sin barreras, sin jaulas, ni muros. Pero aunque, no estés aquí ya, soy yo quien te agradece el haberte encontrado, porque he podido confirmar algo que ya pensaba y es que los animales te entregan todo lo que son, todo su cariño a cambio de nada. Gracias por demostrar que esos sentimientos tan nobles, y que a veces las personas olvidamos siguen existiendo.
Descansa en paz, y vuela alto, tan alto, hasta parezca que puedas tocar el sol, y
le enseñes tu dorado plumaje, tu dorada voz... tu dorado ser.