Esos ojos oscuros, como la noche que nos rodea, me atrapan y hacen conmigo lo que quieren. Y ahí sigues, mirándome. Con esa seguridad tan tuya y mientras yo casi temblando por dentro, voy esperando poco a poco a que te acerques.
Y una vez, más, me dejo alcanzar, hasta que nuestra única barrera, es la de nuestra piel, la de nuestros labios tocándose, buscándose...
Lentamente me envuelvo en tu seguridad, y todo en mí, se paraliza. Ya no siento nada, ni el frío, solo a ti, y a tu calor en cada caricia. Mientras tú, te separas un segundo, para sacar a relucir esa sonrisa, que va en busca de la mía, y sí, una vez más lo consigues.
Pronto como siempre, se va acabando este juego. En el que tú te mueves entre palabras bonitas, que intentan tan sólo encontrar mi perdón y así poder apaciguar una vez más tu conciencia. Yo tan sólo, como de costumbre, me dejo engañar, aunque sé perfectamente que no es así.
Hace ya bastante tiempo que esas palabras bonitas, se han quedado vacías y que tus besos y caricias, se han convertido en cerillas, calientan un rato y después una vez apagadas no sirven para nada.
Luego tú, me coges de la mano y comenzamos andar por las calles solitarias, hablas y yo intento escucharte. Pero me es imposible, porque comienzo a recordar aquellos días en los que estos mismos adoquines eran partícipes de nuestras risas.
Miles de palabras salen de tu boca perdiéndose en el silencio de la noche. Miles de oraciones con un yo por sujeto. Hace tanto que tus palabras quedaron yermas, hace tanto que olvidamos ser nosotros.
Y todos nuestros planes ¿dónde acabaron?, ¿dónde se fueron?, ¿ en qué mar de silencios se ahogaron?.
Ahora, somos náufragos de esos silencios que intentas conducir hasta a mi perdón, pero la noche no perdona y todo lo callado amenaza con salir, pero una vez más pierdo mi voz y me quedo mudo ante ti.
Tomo aire y suelto tu mano. Te detienes y me miras de nuevo, sin embargo esta vez, en tus ojos no hay rastro de firmeza, prevén lo que va a suceder. Comienzas a redactar los términos de tu rendición, pero ya es tarde, hace mucho tiempo que nuestro camino se bifurcó y ahora cada uno prende su rumbo.
Tus últimas sílabas se transforman en eco como de costumbre, sólo que ahora se ven interrumpidas por mi adiós.
Comienzo a andar, paso ligero y firme, gritas mi nombre y prosigo, intento no mirar hacia atrás. Tan sólo queda el ruido de mis pasos, que ahogan mis ganas irrefrenables de volver hacia ti. Aunque esta vez no.
El nudo de mi garganta desaparecía y con él, desataba mi voz. Pronto, sentí como una lágrima resbala por mi mejilla y como la brisa jugaba con ella. No era tristeza, tampoco felicidad, tan sólo era una bocanada de vida que volvía a brotar en mí.
Mis pies, gráciles, comenzaban a correr. Desconocía el motivo, tan sólo quería alejarme cuanto antes. El pulso se aceleraba, la velocidad aumentaba y el aire se hacía fuerte y frío.
Sentía como lo idílico tornaba a perfecto, pero pronto una luz convertiría la noche en día apagando todo a su paso.
La oscuridad vino seguida del ruido que se apoderaba de mi cabeza aferrándose a mis huesos, mientras me quebraba en mil pedazos. Mientras, el dolor, se adentraba en mí, haciéndome su prisionero. Entretanto, la sangre huía, vaciando mi interior, discurriendo entre los adoquines.
El ritmo perdía su compás y el tiempo comenzaba a tocar fin. Mi cuerpo yacía en la calzada, ya no sentía ni padecía, quedaba calmado por el frío que hacía de manta de mi alma. Y más pronto que tarde mi último suspiro escapaba, alejándose de mí, fundiéndose con el eco de ciudad.
Así fue y así será como sueños y esperanzas fueron a formar parte de otra página más de historia, que enterrada y pérdida quedaría callada en aquellas calles.
Miles de palabras salen de tu boca perdiéndose en el silencio de la noche. Miles de oraciones con un yo por sujeto. Hace tanto que tus palabras quedaron yermas, hace tanto que olvidamos ser nosotros.
Y todos nuestros planes ¿dónde acabaron?, ¿dónde se fueron?, ¿ en qué mar de silencios se ahogaron?.
Ahora, somos náufragos de esos silencios que intentas conducir hasta a mi perdón, pero la noche no perdona y todo lo callado amenaza con salir, pero una vez más pierdo mi voz y me quedo mudo ante ti.
Tomo aire y suelto tu mano. Te detienes y me miras de nuevo, sin embargo esta vez, en tus ojos no hay rastro de firmeza, prevén lo que va a suceder. Comienzas a redactar los términos de tu rendición, pero ya es tarde, hace mucho tiempo que nuestro camino se bifurcó y ahora cada uno prende su rumbo.
Tus últimas sílabas se transforman en eco como de costumbre, sólo que ahora se ven interrumpidas por mi adiós.
Comienzo a andar, paso ligero y firme, gritas mi nombre y prosigo, intento no mirar hacia atrás. Tan sólo queda el ruido de mis pasos, que ahogan mis ganas irrefrenables de volver hacia ti. Aunque esta vez no.
El nudo de mi garganta desaparecía y con él, desataba mi voz. Pronto, sentí como una lágrima resbala por mi mejilla y como la brisa jugaba con ella. No era tristeza, tampoco felicidad, tan sólo era una bocanada de vida que volvía a brotar en mí.
Mis pies, gráciles, comenzaban a correr. Desconocía el motivo, tan sólo quería alejarme cuanto antes. El pulso se aceleraba, la velocidad aumentaba y el aire se hacía fuerte y frío.
Sentía como lo idílico tornaba a perfecto, pero pronto una luz convertiría la noche en día apagando todo a su paso.
La oscuridad vino seguida del ruido que se apoderaba de mi cabeza aferrándose a mis huesos, mientras me quebraba en mil pedazos. Mientras, el dolor, se adentraba en mí, haciéndome su prisionero. Entretanto, la sangre huía, vaciando mi interior, discurriendo entre los adoquines.
El ritmo perdía su compás y el tiempo comenzaba a tocar fin. Mi cuerpo yacía en la calzada, ya no sentía ni padecía, quedaba calmado por el frío que hacía de manta de mi alma. Y más pronto que tarde mi último suspiro escapaba, alejándose de mí, fundiéndose con el eco de ciudad.
Así fue y así será como sueños y esperanzas fueron a formar parte de otra página más de historia, que enterrada y pérdida quedaría callada en aquellas calles.
