domingo, 4 de septiembre de 2011

Realidad.

Levanto la mirada, siento la fresca brisa del mar y el cálido sol en mi piel.
Por un momento cierro los ojos, disfruto de esa sensación y me siento libre por un instante.
Comienzo andar sin rumbo, sin prisa disfrutando de cada segundo, de cada minuto...

Ahora toca volver, pienso, me dirijo a la parada para coger el autobús que me devuelva a la realidad.
El ruido del motor me saca de mis pensamientos, subo, dejo caer las monedas y me dirijo a un asiento.

El autobús está casi vacío por completo, miro por la ventana mientras observo como el horizonte de ese mar hipnotizante desaparece. Poco después comienzo entrar en un laberinto de edificios, comienzo entrar en la realidad.

Pego la cara al cristal noto el vibrante ruido del cristal e intento mirar todo lo atrás posible.
Ya no consigo ver ese mar, ya no está, miro de nuevo pensativo hacia adelante y digo: Adiós, adiós verano.

Cojo los auriculares, los introduzco en mis oídos, doy al "play" y mis pensamientos se van, vuelvo a la realidad.



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