domingo, 29 de enero de 2012

Entre rayos de sol.

Sábado por la mañana, por fin, pienso mientras bostezo. Bajo a la cocina café recién hecho y esperándome, me siento rápidamente, cojo el azucarero y vierto tres cucharadas de azúcar en la taza, muevo lentamente el café dejando que se mezclen bien, y le doy un buen trago, justo como a mi me gusta ni muy dulce ni muy amargo. Continuo desayunando mientras disfruto de los rayos de luz que entran ya por la ventana y que a cada minuto son más cálidos y calientes. Me dejo envolver por esa calidez, por ese momento de calma para terminar de desayunar.


Hoy toca ir a correr por el barrio, y después a lavar el coche que ya lo he ido posponiendo tanto que casi ya no se ve nada de lo sucio que está y mi madre ya me ha echado la bronca, de hoy no pasa. 


Salgo de casa, siento la fría brisa de la mañana en mi cara y comienzo a correr. Miro a mi alrededor observando el mundo, como se despierta con cada rayo. Gente que saca a sus perros a pasear, otros que llegan a casa tras una larga noche de fiesta y otros tantos que van a trabajar. 
Tras más de una hora de recorrido llego a casa, exhausto, decido ir a la ducha, pero antes paso por mi cuarto para ver si alguien me ha llamado al móvil o algo, y efectivamente cuatro llamadas perdidas de mi chica, tendría que ser importante para que hubiera insistido tanto, pensé. La llamé unos tonos de llamada y...


- Hola, ¿ dónde estabas?- pregunta una voz dulce.
- Salir a correr un poco, hacía buen tiempo y me apetecía la verdad,¿ que querías?- contesté mientras me sacaba rompa limpia.
- Pasar el día contigo- respondió una Lidia feliz.
- Jajaja, está bien, un buen plan, te paso recoger en un rato, ¿ vale?.
- Vale, te quiero.


No puedo evitar reírme nada mas colgar, su voz transmite alegría es que casi me la puedo imaginar con su maravillosa sonrisa al otro lado del aparato.


Me ducho, me visto, una sudadera, vaqueros, tenis y a la calle, a recoger a aquella belleza sonriente que me espera en su casa impaciente.


Cuando llegué, allí estaba ella sentada en su porche esperando, más verme puede ver como pegaba un boto, poniendose en pie. Enseguida me acerque saludandola con un tierno beso. Un tierno beso que cada vez se iba alargando más y más, sus labios eran mi adicción como una droga de la que no me podría desenganchar.


- ¿ A dónde tienes pensando ir?- pregunta impaciente.
-  Sigueme y verás- respondí con una sonrisa pícara.


Enseguida eché a andar y pude notar como me seguías como una niña curiosa, que busca su regalo de cumpleaños.
- Toma- le digo.
- ¿ Una manguera?, ¿ para qué quiero yo esto?
- Para limpiar mi coche, respondí mientras sonreía.
- Pues vaya planazo...- respondes intentando poner cara de enfado.
- Anda, anda sigueme y no te quejes tanto, jaja


Llegamos al coche, y disimuladamente apunto a aquella chica con la manguera, abro la llave del agua y en un descuido... ¡zas!,¡agua va!.
- Perdón estaba probando a ver si funcionaba, contesto intentando aguantarme la risa.
- Ahora vas a ver, dices mientras coges la otra manguera.


Echo a correr intentando evitar los chorros de agua, pero uno me alcanza  y me da en toda la espalda. Entonces te miro, me miras y te ríes, mientras echas a correr y yo te sigo mientras grito un "ya veras". 
Como críos jugando, entre carreras, mangerazos y risas en aquella fría mañana de aquel Sábado. Paras exhausta, respiras de forma agitada, me miras de nuevo, mientras yo me paro, me quedo mirándote mientras te repones y me fijo en lo guapa que estas esta mañana, en como caen las gotas de agua de tu pelo al suelo como si de lágrimas de rocío se trataran. Hoy me doy cuenta que estas más guapa que nunca y es entonces cuando sonríes una vez mientras el sol de Enero acaricia tu piel, haciéndola brillar más que nunca, debido a esas gotas que se fijan como perlas a tu piel.
Me acerco a ti lentamente, tú me apuntas con la manguera, a cada paso que doy, tú das uno atrás, entonces suelto la manguera sin parar de caminar, mientras, tú sigues retrocediendo. Me paro y te digo que me rindo, tú sonríes, y sueltas tu manguera. Sigo caminando, me encuentro contigo, apoyo mi frente en la tuya y mis manos en tu cintura. Tú solo me miras y dices:


- Vamos a pillar una pulmonía si nos quedamos aquí,
- No me importa,-trago saliva- si estás tú ya no me importa nada.


Entonces te beso, mientras noto caer por nuestros rostros aquellas gotas heladas, pero todo me da igual, porque contigo mi corazón vuelve a entrar en calor.







No hay comentarios:

Publicar un comentario