sábado, 5 de mayo de 2012

Pensamientos encontrados

A veces pienso en qué significa la palabra amor, qué significa amar, incluso dudo del amor. ¿ Será un estúpido sentimiento que hemos inventado para no sentirnos solos, para estar llenos por dentro?, o, ¿ será una droga que te lleva a mil y te va consumiendo por dentro?.

Mi mente en aquel instante era un vai-ven  de pensamientos distintos que chocaban entre sí y no me dejaban pensar.


Aquella tarde iba camino a casa de Juan, cuando empezó a diluviar. Por suerte estaba cerca de su casa, como a unos cinco minutos, el tiempo suficiente para llegar a su casa empapado y sin aire por la tremenda carrera a contrarreloj.
Toque varias veces al timbre, y casi al instante se abrió la puerta. Para mi sorpresa quien abrió la puerta fue Lucía. Llevaba sin verla desde unos días antes de la pelea o del "incidente" como lo llamábamos Juan y yo.

- ¡ Madre mía, estás chorreando!¡Corre pasa!.
- Gracias... -contesté sin ni siquiera mirarla a los ojos.

Pasé dentro, a la vez que iba dejando un rastro de pequeñas gotas por donde iba pasando. Llegué al comedor donde estaba Juan esperándome.

- Pero tío, ¿ cómo vas?,- me dijo mientras se reía.
- Pues nada... que me ha caído toda la tromba encima,- le contesté con una sonrisa.

De repente entró Lucía, con una toalla y algo de ropa de Juan.

- Anda cámbiate o pillarás un buen resfriado,- dijo Lucía mientras me lanzaba la ropa y la toalla.
- Gracias otra vez, subo un momento y me cambio,- respondí.

Al poco, ya estaba de nuevo en el comedor, cambiado de ropa y seco. Al llegar me encontré a Juan y a Lucía viendo la tele, los cuales al notar mi presencia se giraron.

- Bueno, ¿ ya estas mejor, no?,- preguntó Lucía.
- Sí, la verdad, aunque me queda algo ajustada,- contesté.
- Pero anda que no mola mi ropa, ¡eh!, no te puedes quejar,- saltó Juan fingiendo enfado.
- Normal, como que esta sudadera te la regalé yo, capullo,- le contesté con tono de sorna,- Si no fuera por mi, irías como un mendigo.
- ¡Y por mi!,- contestó Lucía mientras se reía, provocando la risa a Juan y a mí,- bueno voy a por algo de comer a la cocina, ¿ vale?.
- Está bien cariño,- le respondió Juan.
- Voy a ayudarla, ahora vengo tío.

Me dirigí a la cocina donde estaba Lucía sacando platos y vasos de un armario.
- ¿ Necesitas que te ayude?,- pregunté mientras entraba.
- Pues, la verdad es que sí, ¿ podrías coger los vasos que están en ese armario?.
- ¿ Estos?,- pregunté mientras los iba sacando.
- Si, esos, gracias,- respondió afable mientras seguía preparando la comida.
- Lucía, creo que tenemos que hablar,- tragué saliva y continué- sobre... Lidia.
-¿ Lidia?,- soltó sorprendida mientras se giraba,- ¿ qué quieres saber de ella?.
- Pues... quiero saber qué tal está, hace ya que no hablo con ella.
- ¿ Y por qué no la llamas y se lo preguntas?,- me respondió Lucía con un tono tajante.
- ¿ Te crees que no lo he intentado? Pero no me coge el teléfono.
- Pues por algo será, ¿ no crees?,- contestó mientras se daba la vuelta de nuevo y volvía a su faena.
- ¿ Lucía que narices te pasa conmigo?,- solté impotente.
Esta se volvió a dar la vuelta y mirándome fijamente a los ojos me respondió.
-¡ Qué eres un idiota que has echado todo a perder!.
- ¡ Ya lo sé! ¡ Joder!, ¿te crees que no lo sé?
- Pues me alegro de que lo sepas, porque por tu culpa has perdido mucho Dani,- cogió aire y continuó- estoy enfadada como puedes comprobar, pero no solo porque mi amiga este mal, sino también por ti, por lo tonto que eres, por haberlo fastidiado todo.  En parte lo que hiciste me parece bien, yo también le hubiera metido una paliza en ese momento, pero no esa no era la solución.
- ¿ Y cuál era la solución, Lucía?.
- Ni si quiera yo lo sé, Dani.


Tras un breve silencio, suspiré para continuar.
- ¿ Y como está Lidia?.
- Pues... diferente, no quiere hablar mucho del tema la verdad.
- Entiendo, pero, ¿ por qué no me coge el teléfono?.
- Porque no está aquí...
- ¿ Cómo que no está aquí?,- pregunté preocupado.
- Me dijo que quería desconectar un poco, y que necesitaba irse lejos de aquí.
- ¿ Dónde está, Lucía?.
- No debería decírtelo, pero bueno... está en un pueblo de Valencia con sus abuelos.
- Me voy ,- solté mientras salía de la cocina hacia el salón.
-¿ No pensaras ir a buscarla?, ¿ no?,- dijo Lucía mientras me seguía,- pero si no sabes ni donde está.
- Claro que lo sé,- sonreí,- porque me lo vas a decir tú.
- ¿ Y si no quiere verte?.
- Es una posibilidad que tengo que asumir.
- Bueno...- dijo mientras se alejaba a por un papel, y escribía una dirección,- aquí está.
- Muchas gracias Lucía eres la mejor.
- Suerte Dani.
Le dí un beso en la mejilla mientras cogía mi chaqueta y me despedía de Juan que no sabía nada de lo que pasaba.


Enseguida salí de allí, y me subí en mi coche para ir a mi casa, aún tenía que preparar algo de equipaje y coger dinero y todo lo necesario.


Al poco ya estaba, en mi cuarto terminando de hacer la maleta, bueno, más bien de preparar la bolsa de deporte.
Deje todo sobre la cama, y me fui a mirar el horario de trenes, para coger el primero que saliera hacia Valencia.
El tren salía a las 14:15 y eran las 13:30 así que tenía que darme prisa si no quería perderlo. Asi que rápidamente saque el billete y me fui con mis cosas hacía el coche.


Una vez dentro me quede pensativo, se me olvidaba algo. Estuve unos segundos dándole vueltas hasta que caí. Tenía que llamar a mi madre. Así que cogí el móvil y marqué su número. Esperé un poco, y me saltó el buzón de voz, entonces decidí dejarle un mensaje de voz, puesto que no tenía mucho tiempo.
- Mamá soy yo. Te llamo para decirte que voy a estar unos días fuera, me voy a Valencia unos días con Lidia... pues, bueno, era para decirte que estés tranquila un beso.


Suspiré, y puse el móvil en el asiento. Acto seguido me abroché el cinturón arranqué el motor y me dirigí a la estación con una pequeña bolsa llena de ropa, 200 € y un corazón confuso por lo que iba a hacer.




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