martes, 23 de julio de 2013

Un nuevo resurgir

"A veces decimos que tenemos tiempo, pero en realidad el tiempo, nunca nos va a dar tiempo".

Esas sabias palabras fueron uno de los mejores consejos que he tenido la suerte de recibir y que últimamente galopaban libremente en mi mente. Al principio cuando las oí, no conseguía entender lo valioso de su significado, pero conforme fue pasando aquel año, todo fue cobrando su significado...

El sol comenzaba a pintar el cielo de tonos anaranjados, amenazando con esconderse y dejar paso a la fría noche. Aunque mientras, dejaba escapar unos últimos rayos, que cálidos jugaban  con aquellas últimas hojas de otoño.

Pronto comenzó a levantarse la helada brisa, tan característica de aquel lugar, que conseguía atravesar hasta el último poro de mi piel, dejando que lentamente el frío calara en mi interior.
Me encantaba disfrutar de aquella sensación que erizaba hasta el último vello de mi cuerpo y que cuando lograba llegar a mi cabeza, conseguía que me evadiese de todo lo que me rodeaba.

La tarde cada vez iba tocando más y más su fin, y dejaba mostrar aquel hermoso espectáculo de tonalidades ante aquel selecto público de brisas, hojas secas y silencio. Silencio, que se interrumpía por el suave murmullo de los remolinos de hojas que formaba el aire, y por el crujir de mis pisadas que se perdían en la cada vez más pronunciada noche.

Mientras todo aquello sucedía, los recuerdos comenzaban azotarme, hasta llegar a mi tierna infancia. Infancia que en su mayor parte transcurrió en aquel lugar que mientras recorría.
Comenzaba a revivir momentos, que prácticamente podía ver e incluso palpar. Me iban llegando imágenes de mis amigos escondidos tras los árboles mientras yo los buscaba o de cuando pasábamos las horas jugando a los exploradores e íbamos en busca de tierras lejanas repletas de grandes peligros.

Recuerdos como esos llegaban a mí, para irse, y dar paso a otros, que de vez en cuando me hacían escapar una leve sonrisa. Pero pronto llegué al puente, que indicaba el fin del pueblo y dejaba pasar un pequeño y ruidoso riachuelo. Cuando pensaba en dar marcha atrás, algo en mí, me dejó inmóvil y me impulso a acercarme al borde de aquel viejo puente. Inmediatamente pude ver, la casi difuminada silueta de una chica de cabello. Enseguida al verla, comenzaron a llegar de nuevo imágenes a  mi cabeza, pero esta vez eran muy difusas, y solo lograba ver a una pequeña niña rubia pecosa correteando por el puente, y que me daba algo mientras me abrazaba y se marchaba corriendo.

En ese mismo instante, bajé corriendo por un sendero que llevaba a la orilla del río, donde se encontraba aquella extraña chica  de gran parecido con la niña de mis recuerdos. Pero para cuando llegué, ella no estaba allí.
Me sentía aturdido y raro, así que intenté convencerme de que podría haber sido una ilusión provocada por el cansancio después de tantas horas de trayecto en coche, así pues, puse rumbo al pueblo de nuevo,con la esperanza puesta en volver al día siguiente y encontrarme con aquella misteriosa chica.


No hay comentarios:

Publicar un comentario