Me despierto por el ruido del despertador, las diez de la mañana, bostezo a la par que estiro mis brazos, apenas he dormido 3 horas y ni siquiera me he quitado la ropa de anoche, anoche.... pienso por un instante, salgo de mi cuarto y bajo las escaleras rápidamente hasta llegar a la cocina.
- Buenos días, responde mi madre mas verme.
- Hola mamá, respondo con tono serio.
- ¿Qué te pasa? ¿ Y esa cara?
- Llegue tarde a casa anoche, respondí tajante.
- ¿Qué hicisteis para llegar tan tarde? ¡Eh! Siempre igual. Comenzó a hablar enfada ,casi gritándome,sin más y sin ni si quiera dejarme responder.
Permanecí escuchando cada palabra que salía por su boca, callado, sin decir nada, hasta que no pude más y estallé.
- ¿ Quieres saber dónde estuve a noche?, ¿ quieres saberlo?, respondí gritando. - Estuve en el hospital y si no te llame fue porque me quede sin batería en el móvil, ¿ te crees que la única que paso mala noche fuiste tú?, pues te equívocas, continué mientras daba un puñetazo a la encimera de granito intentado calmarme.
- ¿ Qué pasó?, preguntó mi madre girándose y mirándome a los ojos.
- Juan y estos tuvieron un accidente mientras iban a la discoteca, Lidia y yo íbamos también de camino cuando de repente nos llamó Lucía llorando y nos contó que estaba en el hospital con la familia de Juan que habían tenido un accidente...
- Ohhh, pero, ¿ cómo no me llamaste? lo.. lo siento no sabía nada, y...,¿ cómo está Juan?, ¿le ha pasado algo?.
- Pues... -suspiré- Juan está bien... pero... no va a volver a llevar una vida normal, no puede andar.
- ¡Madre mía!, voy a llamar a Teresa, tienen que estar destrozados, dijo casi susurrando, como si estuviera pensando en alto.
- Bueno mamá... me voy al hospital, prometí que iría y que me quedaría con Juan un rato para que sus padres y Lucía descansaran.
- Vale, pero te llevo yo, apenas has dormido y no estas en condiciones de conducir.
- Mamá, de verdad que no hace falta, estoy bien, contesté mientras le mostraba mi sonrisa más afable.
- Bueno, como quieras, pero cuando llegues dame aunque sea un toque, ¿ vale?.
Me acerque a ella y le di un beso en la frente ya que debido a mi altura y a mis pocas ganas de agacharme era lo que más me pillaba a mano.
Media hora más tarde ya estaba en aquel hospital de nuevo, entré en la recepción del hospital y pregunté por la habitación y enseguida cogí el ascensor.
Al poco llegue a una planta, con un largo pasillo que parecía interminable, comencé a andar, 323, 324. 325...
326, aquí está, pensé.
Toque a la puerta, y a continuación entré.
- ¿ Se puede?, pregunté casi en un susurro.
Allí estaban Rubén y Teresa, los padres de Juan y Lucía su amor platónico que aún él desconocía.
Saludé a todos y entonces empecé a hablar con Teresa.
- ¿ Cómo ha pasado la noche, Teresa?
- Bien, no se ha despertado aun, lleva toda la noche durmiendo, me respondió mirando a su hijo, que estaba tumbado en una cama al otro lado de la habitación.
- ¿ Y vosotros cómo estáis?
- Bueno... dentro de lo que cabe..., me respondió casi llorando.
- Bueno Teresa, tranquila, ya estoy yo aquí, iros a la cafetería a desayunar tranquilos y descansad un poco, ya me quedo yo, ¿ vale?.
Me respondió afirmando con la cabeza mientras miraba a su marido y se intentaba secar las pocas lágrimas que salieron de sus ojos.
- Lucía, ¿ te vienes?, preguntó Teresa
- No gracias, Teresa, me quedo aquí con Dani.
Enseguida se marcharon Rubén y Teresa, y yo me cogí una silla que había en un lado de la habitación. La puse al lado de Lucía que estaba sentada junto a la cama, sin dejar de mirar a Juan.
- ¿ Qué tal estás Luci?
- Cansada....
- Te tendría que haber traído un trozo de bizcocho de mi casa, del que hace mi madre, que está buenísimo, pero con las prisas no me he traído nada.
- No pasa nada... , respondió intentando sonreír.
- Ummm... ¿ te gusta Juan verdad?
- ¿ Cómo lo sabes?, ¿te lo ha contado Lidia, verdad? cuando la vea, la mato... , respondió mirándome por primera vez desde que entré en la habitación.
- Lo noté anoche, por cómo llorabas, por como te preocupabas por él.
- Dani... anoche creí que lo iba a perder, que lo iba a perder sin poder hablar con él, sin poder decirle que...
- Que lo quieres...
- Sí... contestó, mientras se desmoronaba como un castillo de naipes y comenzaba a llorar.
Instintivamente la abracé, y continué hablando con ella.
- Lucía, pero él, está aquí, ¿ no?, no lo has perdido así que alégrate y no llores más, le dije mientras le secaba las lágrimas.
- Sí, es verdad, respondió sonriendo por primera vez.
- Bueno... cambiando de tema y ¿ Pedro?.
- Ni idea, después de llegar al hospital e ir a urgencias y decirnos que estábamos bien, se fue...
- ¿ Cómo que se fue?, ¿ así sin mas?
- Sí, supongo porque fue él el que tubo la culpa... sino hubiera estado haciendo el tonto, si no hubiera agarrado el volante..
- ¿ El volante?
- Sí, estaba haciendo el tonto, ya sabes como es, y no sé que le dio que agarró el volante, supongo que intentó asustarme, pero no nos dimos cuenta de la curva y...
- Hijo de puta... ¡ Hijo de puta!, lo voy a matar al muy cabrón.
- Dani, tranquilízate, no sirve de nada que lo mates, seguiría siendo igual...
- Él muy... se fue sin decir nada, sin preocuparse por nada ni por nadie, encima de que todo fue por su culpa,¿ y quieres que me tranquilice?, este se va enterar, vaya que si se va a enterar...
Él muy hijo de perra se marchó sin más, y encima por culpa suya, por sus malditas gilipolleces, pensé, pero ahora tenía que tranquilizarme, no quería pensar en eso ahora.
- Y... bueno, ¿se lo habéis contado?
- No, aún, no..., respondió mirando al suelo- lo único que recuerdo después de golpe era cómo Juan decía aturdido que no podía mover las piernas y... , no pudo contener las lágrimas y mi amiga, aquella chica menudita, mona, y que siempre tenia una sonrisa en la cara, se ponía a llorar de nuevo, esta vez desconsoladamente.
En ese instante, un ruido que venía de la cama, nos hizo a Lucía y a mí girarnos, era Juan estaba abriendo los ojos e intentando levantarse. En ese mismo instante Lucia dejo de llorar, dejando nuestra conversación atrás, dejando todo atrás.
- Ummm, musitó Juan
- ¡ Buenos días, bello durmiente!, le dije bromeando.
-¿ Dónde estoy?
- En el hospital.
- Mierda...¿ no me digas que me he pillado un coma etílico de esos?
- Jajajaja, que va, tío.
- Ahh bueno, entonces ¿ qué?, ¿ qué me ha pasado?
En ese momento Lucía se quedó petrificada, y creo que yo también.
- Oye, ¿ por qué no puedo mover las piernas? preguntó Juan asustado y bastante alterado.
- Juan..., consiguió pronunciar Lucía casi llorando.
- Pues... por la anestesia, que aun no se te habrá pasado, conseguí responder hábilmente cortando a Lucía- bueno, ¿ quieres desayunar algo?, pregunté cambiando de tema.
- ¿ Qué hay para desayunar? preguntó Juan olvidándose de sus piernas.
- Pues un puré extraño de color amarillo, y un batido de estos que le dan a los viejos, le respondí mientras miraba lo que había en una bandeja cerca de la cama.
- Puajjj, que asco tío, respondió riéndose.
- Bueno si quieres, te puedo traer algo de la cafetería a escondidas, ¿ qué te parece?
- Bueno vale, y me traes el Marca de paso.
- Que morro que tienes... pero bueno hoy se la paso al señorito, contesté fingiendo enfado.
- Bueno, ¡ espera que te acompaño! contestó Lucía.
Nos levantamos y salimos de la habitación y en cuanto cerré la puerta me cogió del brazo, parándome para que no andase.
- ¿Tú eres tonto, tío?
- ¿ Cómo?, contesté sin saber nada.
- Para que le dices nada de que no se le ha pasado la anestesia ni nada, ¡ eh!
- Pero...
- Pero, ¿ qué narices te pasa?, ¿ quieres que se haga ilusiones para que luego se entere de que va estar postrado en una maldita silla de ruedas toda su vida?, me respondió casi gritando.
- ¿ Qué querías que hiciera?, ¿ que más despertarse le dijese que no iba a poder andar más en su vida?.
En ese instante, Lucía comenzó a llorar desconsoladamente, y en ese mismo instante también acababan de aparecer los padres de Juan.
-¿ Qué pasa?, preguntó Rubén, mirando a Lucía.
- Que Juan se ha despertado, respondió ella entre sollozos.- y ha preguntado por qué no puede mover sus piernas...
En ese momento la madre de Juan se echó a llorar y Rubén enseguida la abrazó.
- No puedo decírselo, Rubén no puedo..., dijo Teresa llorando.
- Tranquila cariño, respondió Rubén aguantándose las ganas de llorar.
Teresa sacó un pañuelo de su bolsillo, y se sonó la nariz a la vez que echaba a andar por el pasillo, Lucía fue tras ella, por lo que Rubén y yo nos quedamos solos delante de esa puerta.
- Dani, tengo que pedirte un favor, a lo mejor no quieres... sé que es díficil y que... pero es que yo no puedo, no puedo decírselo...
- Tranquilo Rubén, respondí intentado calmarle.
- Sois amigos de toda la infancia, desde que erais pequeños, seguro que... tú, y sin terminar la frase vi como le caían unas pequeñas lágrimas de los ojos.
- Tranquilo Rubén, lo haré, además Juan es como un hermano para mí, así que tranquilo, lo haré.
- Gracias de verdad Dani, gracias, me respondió intentando sonreír.
- Id a la cafetería y traedle un croissant de chocolate y el Marca, que se lo he prometido, ¿ vale?, le respondí con una sonrisa.
- Jajaja, está bien y gracias de nuevo, me respondió mientras se secaba las lágrimas con un pañuelo, y se marchó.
Ahora me tocaba entrar en ese cuarto, y dice la verdad, suspiré, y abrí la puerta.
-¿ Y el Marca y mi desayuno?, preguntó mi amigo desde la cama..
- El desayuno me lo he comido por el camino, respondí- bueno Juan tío, tenemos que hablar.
- ¿ Qué pasa Dani?.
- No te asustes, ¡ eh!, tranquilo fiera.
- Vale, vale, venga dispara.
- Haber... no es fácil... ¿ recuerdas algo del accidente?.
- No mucho la verdad.
- Bueno pues ibais de camino a la discoteca, y os salisteis de la carretera en una curva, y tuvisteis un buen golpe...
- Bueno sí, me lo imaginaba,¿ pero qué pasa?
- Pues, pasa que... no tienes ningún efecto de la anestesia, pasa que... no puedes mover las piernas por qué..., tragué saliva y continué- por qué tras el accidente tus piernas no responde, no sé la explicación médica
exacta pero lo que si sé, es que no vas a volver a poder...
- A poder andar,¿ no?, me respondió fríamente.
- Tío, yo.. lo siento, respondí con miedo.
- Sientes, ¿ sientes el qué? tú no vas a sentir nada, y fue a partir de aquí cuando mi amigo se echó a llorar y a gritar- tú no eres el que no va a volver andar, tú no eres el puto minusválido que todo el mundo mira al pasar... , y entonces comenzó a llorar aun mas fuerte y desconsoladamente.
- Juan, yo..., al ver a mi amigo llorando, con aquel llanto de dolor, de tristeza, de indignación, no pude soportarlo y de mis ojos comenzaron a caer lágrimas.
- ¿ Por qué a mi?, por quéeeeee, gritó llorando.

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