Miro al monitor 23:25, vamos bien pienso, y vuelvo a concentrarme a la carretera, de repente comienza a sonar nuestra canción, y ella como siempre se pone a cantar y bailar suavemente al ritmo de la música.
Nuestras miradas se cruzan en un instante, ella me sonríe, yo le respondo con otra sonrisa, gira su cabeza mira al frente sin parar de cantar, baja el parasol del coche, se mira en el espejo, yo concentrado en la carretera, ella pintándose los labios.
De pronto se para la música, es el manos libres.
- Es Lucía, ¿ le doy? pregunta mi chica.
- Sí, dale.
- ¡ Buenas Luci ! Qué ya estamos llegando nos quedará como 10 minutos, ¿ ya habéis llegado?, contesto sin dejar de prestar atención a la carretera.
Ahí estábamos Lidia y yo esperando una respuesta, que al parecer solo era silencio.
- Luci,¿pasa algo?, pregunta preocupada Lidia.
- Estamos en el hospital... responde ella intentando sacar un hilo de voz.
- ¿ Pero que ha pasado?, ¿ estáis bien?, pregunto Lidia al borde de la histeria.
Lucía no respondía, solamente unos sollozos fueron su respuesta.
- Bueno,¿en que hospital estáis? pregunto Lidia.
Yo no podía hablar, quería pero no me salía la voz, lo único que podía hacer era seguir conduciendo, seguir adelante y no pensar, solo cambiar el rumbo para ir al hospital.
Durante el trayecto el silencio inundó el coche, Lidia iba con la cabeza apoyada al cristal, no sé en que momento me pareció oírla llorar y enseguida la cogía de la mano se le apreté bien fuerte y le dije: "ya verás como todo sale bien".
Ella respondió afirmando con la cabeza fuertemente, como queriendo convencerse así misma, pero su cara mostraba todo lo contrario sus ojos llenos de lágrimas y sucios por el rímel.
El tiempo se hacía eterno, pero para bien o para mal llegamos a aquel hospital. Entramos lo más rápido que pudimos, allí estaba Lucía, sentada en una sala de espera.
Lidia al verla echó a correr y fue a abrazarla, en seguida se pusieron las dos a llorar.
- Tú cara...¿ qué ha pasado Lucía?, escuché preguntar a Lidia.
- El coche... no vimos la curva... y..., enseguida Lucía comenzó de nuevo a llorar.
Lidia enseguida la abrazo y le dio un beso en la mejilla, acto seguido me acerque a ellas y abracé a Lucía con cariño.
- Ya estamos aquí, tranquila, respondí
Le di un beso en la cabeza y seguí
- Respira, y dinos, ¿ dónde están Juan y Pedro?
Lucía cogió aire, y por un momento pareció calmarse.
- Pedro se ha ido no sé donde está, y Juan..., comenzó a llorar desconsoladamente, era un llanto desgarrado, un llanto que parecía matarla desde dentro.
- Juan... Juan... está en el quirófano, respondió y enseguida volvió a llorar cada vez más y más fuerte.
Enseguida Lidia y yo la abrazamos con fuerza, ella lloraba cada vez más fuerte, en su llanto no solo había dolor, había algo más, con cada lágrima parecía que su corazón se rompía cada vez más.
En cierta ocasión Lidia me comentó lo que Lucía sentía por Juan y que no era capaz de decírselo.
Y sí, en aquel instante comprobé que estaba enamorada de verdad.
Poco tiempo más tarde los padres de Juan llegaron al hospital, a partir de ahí todo era confuso, lo único que recuerdo eran llantos y más llantos. Sentía ganas de escapar de allí, de correr, no quería creérmelo, todo aquello no podía ser real.
- Cariño, voy un momento fuera, ¿ vale?, dije mientras le daba un beso en la frente a Lidia.
Sin esperar respuesta, inmediatamente me fui fuera, a una pequeña zona ajardinada, a la espaldas del hospital.
Me apoyé sobre la pared del hospital, me metí las manos en los bolsillos, y comencé a pensar, a intentar ordenar todo lo sucedido esa noche.
Era tarde, pero en aquel lugar había médicos, enfermeras y demás personal del hospital, fumando y hablando tranquilamente, tomando un descanso supongo.
De repente se me acercó un hombre, preguntándome que si quería un cigarro, entonces levante la cabeza, era un chico joven, seguramente un ATS.
- No, gracias, no fumo, respondí
- Bueno como quieras, me contestó y dio una calada al cigarro que estaba fumando.
En ese momento, no tenía ganas de nada, ni de hablar ni de nada, pero ese instante tuve la necesidad de fumar un cigarrillo.
- ¡ Qué coño!, pensé en voz alta,- Dame un cigarrillo, dije.
Aquel chaval me dio un cigarrillo lo cogí junto con un mechero y lo encendí, di un calada aquel cigarrillo, y en seguida tosí.
- No sé, que mierda hago fumando, respondí.
- Jajajaja, creo que en momentos como este la gente necesita fumar para llevar esto adelante, respondió el chaval.
- Sí..., respondí junto con un movimiento de cabeza mientras le daba una larga calada a aquel cigarro.
- Me llamo Ricardo, contestó a la vez que me ofrecía la mano.
- Yo, Dani, respondí, a la vez que estrechaba su mano.
- Y bueno, ¿ qué te trae por aquí? Nada bueno imagino...
- Imaginas bien... respondí dándole una calada a aquel cigarro,- Un accidente, mi amigo en quirófano, su novia, su familia y mi chica llorando...., una mala noche.
- Entiendo, Dani. respondió dándole una última calada a su cigarro y tirándolo al suelo. - ¿Sabes? Desde que trabajo aquí ninguna noche es buena, pero bueno... que se le va hacer. Bueno, ¿ te acompaño a dentro?.
- Sí, bueno, vale, respondí a la vez que tiraba el cigarrillo al suelo y lo apagaba con el pie.
De camino a la sala de espera le fui contando a aquel ATS, Ricardo, lo que había sucedido y el me prometió que movería unos hilos para conseguirle una habitación sin nadie para nuestro amigo, yo se lo agradecí y enseguida me fui corriendo a aquella sala de espera.
Allí estaban todos, me acerque lentamente y sin hacer ruido abracé a mi chica por la espalda y le di un beso en el cuello.
- ¿ Sabéis algo nuevo?, pregunte casi susurrando a su oído.
- No... ¿ dónde has estado?, preguntó ella sin elevar mucho la voz.
- Tomando el aire, necesitaba despejarme un poco, ¿ como sigue Lucía?
- Mucho más tranquila, incluso se ha reído al verse los arañazos que tiene en la cara.
- Bueno, eso está bien, ¿ y los padres de Juan?.
- No lo sé... pero parecen que están más tranquilos.
Después de aquella pequeña conversación casi en silencio, la volví abrazar fuertemente y le dí un beso otra vez en el cuello.
Miré mi reloj, y acto seguido se abrieron las puertas de aquel quirófano, enseguida todos nos acercamos y un cirujano salió.
- ¿ La familia Rodríguez?
- Sí, nosotros, respondieron casi a la vez los padres de Juan.
- Vamos a llevar a su hijo a observación, a una habitación privada, enseguida podrán verle, pero tengo que comunicarles que su hijo está bien dentro de lo que cabe, pero...
- Pero ¿ qué?, preguntó la madre de Juan.
-Pero su hijo a raíz del accidente ha tenido un gran golpe, y... no volverá a caminar, pero podrá seguir con una vida normal. sé que es duro decirle esto en estos momentos y lo siento, de verdad.
- Bueno... muchas gracias doctor, respondió el padre de Juan.
- Les dejo, sean fuertes, si necesitan algo , me tienen para lo que sea, de verdad.
- Gracias, muchas gracias doctor, volvió a responder el padre de Juan.
El cirujano se marchó y acto seguido la madre de Juan, Teresa, comenzó a llorar desconsoladamente, enseguida Rubén, el padre, fue abrazarla escapándosele a él también las lágrimas.
En cuanto se separaron me acerque y fui a abrazar a Teresa, la conocía de toda la vida, Juan y yo éramos amigos desde que íbamos a parbulitos, había pasado tantas tardes en su casa, con aquella meriendas que preparaba su madre...
No podías fallarles en aquel momento, pensé.
En cuanto nos separamos vino también Rubén, y dándole una palmadita en la espalda de manera afectuosa les dije:
- Rubén, Teresa me tenéis para lo que haga falta.
- Muchas gracias, me respondió Teresa agarrándome con fuerzas las manos.
- Gracias, respondió Rubén con lágrimas en los ojos.
Al poco apareció una enfermera, indicándonos dónde estaba nuestro amigo, al llegar, aquella imagen nos sorprendió a todos. Juan, tumbado en aquella camilla, lleno de vendas y arañazos por todos sitios, inconsciente por culpa de la anestesia.
Lucía al verle se echo a llorar y abrazó enseguida a Lidia, ahogando su llanto en el pecho de mi chica.
Juan, mi amigo de la infancia, de toda la vida.... la verdad se me partía el corazón verle así, pensando que ya no podría correr, ni jugar al fútbol, ni volver a andar, ni pasear.... pensando en lo duro que sería cuando se enterara.
Los padres de Juan no hablaban, no hacían nada, solo mirar a su hijo que estaba postrado en aquella cama. Poco después nos despedimos de ellos, Lucía insistió en quedarse y así lo hizo, nosotros prometimos volver al día siguiente por la mañana.
Llevé a Lidia a su casa, durante el trayecto ni siquiera pusimos la radio, ni hablamos, solo silencio, pero al llegar a su casa y abrir la puerta del coche, me besó con fuerza como si fuera la última vez que me fuera a besar.
- Prométeme que nunca me dejarás
- Te lo prometo siempre estaré contigo, y la volví a besar con todas mis fuerzas.

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