Entro en mi cuarto, tiro la chaqueta en la silla, me quito los zapatos y los dejo caer haciéndolos chocar contra el suelo. Me dejo caer en la cama, saco mi MP3 del bolsillo, lo enciendo, me pongo los cascos, me paso la mano por detrás de la cabeza y me quedo fijamente mirando al techo.
Las imágenes vienen y van en mi cabeza, han pasado tantas cosas... aun recuerdo aquella llamada, aquella noche en vela en el hospital, todas aquellas lágrimas, todos esos corazones rotos...
Intento olvidar pero no puedo, pero de repente una imagen pasa en mi mente, ella, sonriente, como siempre.
Sonrío, y recuerdo como aquellos zafiros por ojos, me hipnotizaron aquella tarde. Su voz dulce y melodiosa que rompe el eco de mi interior, esa voz que me llena de calor, suspiro, cierro los ojos, y continuo encerrado en mis pensamientos.
Llevo varios días sin llamarla, llevo varios días con la misma rutina, sin salir de mi cuarto, sin ver nada más que estas cuatro paredes. Cuatro paredes que han visto como pasábamos noches enteras sin dormir, hablando, dándonos calor, disfrutando de nuestro de amor.
Suspiro de nuevo, me levanto y voy hacia el escritorio, cojo el móvil, busco tu número en la memoria, al poco un tono, dos tonos, otro...
- ¿ Si?, responde una voz delicada.
- Hola., respondo con voz tímida.
- ¿ Dónde has estado todos estos días?, te he llamado cada día no lo has cogido, he ido a tu casa y nunca estabas, ¿ qué te pasa?, responde ella al borde de la histeria.
- Pensando...- trago saliva y continuo- necesitaba descansar, pensar un poco y organizar un poco mi cabeza pero, estoy bien tranquila- sonrío al terminar la frase, como si pudiera verme a través de la pantalla.
- ¿ Necesitas que hablemos?.
- No, tranquila, ya estoy bien, solo necesitaba descansar, lo siento si te asuste, de verdad que no quería que lo pasaras mal.
- No, no pasa nada...
- (...)- se hace el silencio.
- Bueno, ¿ te apetece esta tarde ir al centro? bueno ya sabes, dar una vuelta, pasar frío, ver escaparates, lo que os gusta a las chicas por estas fechas, le digo intentando romper el silencio.
- Jajaja, pero que tonto que eres, bueno vale, la verdad es que necesito salir llevo unos días en casa apalancada y no me vendría mal, además tengo que hacer compras y eso.
- Bueno pues paso a recogerte sobre... ¿ las seis?.
- Sobre la seis, sabes... tengo ganas de verte.
- Yo también.- sonrío, siento como mi corazón palpita.- nos vemos luego, te quiero.
Me siento como en la primera cita, no sé por que, miro el reloj, las cinco menos diez, me da un vuelco el corazón, tranquilo, tienes tiempo, me digo a mí mismo. Voy al baño me ducho, al poco salgo dejando salir todo el vapor conmigo, me anudo la toalla a la cintura, voy al espejo, lo miro está empañado, paso la mano para limpiarlo, y me veo, sonrío. Me afeito, me arreglo el pelo con minuciosa habilidad, un pelo para un lado, otro para otro, otro que no quiere quedarse en su sitio...
Cinco y diez, voy a mi cuarto, me visto, una camisa, un suéter, la chaqueta de piel, los tejanos y unos zapatos.
Bajo las escaleras, cojo la bufanda, las llaves y salgo corriendo. Cierro la puerta, noto el frío de Diciembre, inspiro, y pienso, me siento feliz, y me meto en el coche. Cinco y quarto, arranco el motor, en marcha a la gran ciudad.
Seis menos veinte, ante mi la grande avenida, el semáforo en rojo, miro de nuevo el reloj y a continuación mi mirada va a parar al cristal, concretamente, a una pequeña pastelería, su pastelería favorita, el semáforo cambia de color, me desvío un momento y aparco en primera fila, pongo los intermitentes y salgo corriendo a la pastelería.
- Un croissant de chocolate para llevar por favor- pido, dejo el dinero en el mostrador, va justo, cojo el pequeño paquete y salgo corriendo.
Seis menos cuarto, entro en el coche arranco enseguida y me adentro en tráfico de nuevo.
Tarareo la canción que está sonando, ya veo tu casa, sonrío, seis menos cinco, hoy hasta hay sitio donde aparcar, la suerte me sonríe, aparco, me desabrocho el cinturón, cojo el paquete, salgo del coche y voy hasta su casa.
Toco al timbre y enseguida una chica bajita, pecosa y sonriente me abre la puerta.
- Hola, Dani,- dice alegremente- Pasa, pasa,
- ¿Qué te he dicho enana?, que ya abría yo la puerta.-, se oye de fondo, es ella.
- Jajaja, hola Lidia, contesto.
Me miras, te miro y tu hermana en medio sin dejar de sonreír.
- ¡ Qué se besen, qué se besen!, dice muy animada.
- ¡Anda, cállate tonta!, dices con las mejillas rojas.
Yo no puedo evitar la risa, te doy la mano y nos vamos hacia el coche.
- ¡ Qué frío hace!-, dices mientras entras en el coche.
- La verdad es que sí, pero aquí dentro se está bien-, digo mientras cierro la puerta,- mira lo que te he traído,- te digo señalando la bolsa.
- ¿ Un croissant de chocolate de...? .- dices sin terminar la frase,- ¡ Me encantan!,- dices mientras abres el paquete.
- Lo sé, afirmo sonriente.
Arranco el motor, mientras sonríes y comes tu croissant, rumbo al centro de la gran urbe.
Al poco llegamos, ciento de personas pasan de un lado a otro, con bolsas o simplemente mirando las luces de navidad de aquellas enormes avenidas.
Ahí estamos, tú y yo entre la multitud, cogidos de la mano. Me hablas mientras andamos, no sé lo que dices, el ruido no nos deja oírnos, pero me da igual y a ti también. Hablas ilusionada por la Navidad, hoy estás más guapa que nunca, me aprietas fuertemente la mano, te miro, me miras, en tus ojos se ve la ilusión, brillantes más que nunca gracias a las luces, tus mejillas ligeramente sonrojadas por el frío, te sonrío y seguimos, escaparate tras escaparate.
Me recuerdas a aquella niña que instantes antes me abrió la puerta, quizás no seáis tan distintas, quizás sigas llevando en tu interior a tu niña pequeña, aquella que no quiere crecer y que las luces de Navidad la hacen salir.
Te acerco a mí, no lo aguanto más, te miro y me miras de nuevo.
- Te quiero,- y antes de que te contestes, te beso, como la primera vez, cierras los ojos, yo hago lo mismo, y los vuelves abrir al notar algo frío en tu nariz, es un copo, un copo de nieve, está nevando, miras hacía arriba sin dejar de besarme, aparto mis labios, miro hacia arriba, sonrío, haces lo mismo, apoyamos nuestras frente la una con la otra y dices:
- Te quiero-, y me besas, un beso que podría fundir toda la nieve que hubiera a nuestro alrededor, un beso que podría despertar hasta el más frío corazón.

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