martes, 6 de diciembre de 2011

A partir de ese día...

Aún puedo pasar horas recordando nuestro último encuentro, todo parece tan perfecto, la música de mis cascos, todo lo que veo pasar. Miro fijamente al mar y pienso: ¡ Está ideal!.


Ahí estoy yo, corriendo bajo el frío de la mañana sumido en mis más profundos pensamientos hasta que un timbre choca contra el más profundo pensamiento, vuelvo a la realidad, una bici que viene en dirección, me aparto rápidamente y acto seguido oigo una voz que dice: ¡ Gilipollas, mira por donde vas!.


En ese instante me paro, noto el corazón a mil por hora, casi me atropella una bici, a saber cuanto tiempo llevaba corriendo, pienso.
Sonrío, ¿ será que me estaré enamorando?.


Al día siguiente vuelta a la rutina, ahi esta otro día más aquel maldito despertador, ese que nunca suena a gusto de todos,  me levanto y voy a desayunar, por suerte la cafetera ya está puesta y el café hirviendo, que haría yo sin mi madre, pienso.
Desayunar, arreglar aquel desaliñado pelo, vestirse y salir corriendo no sin antes decir un: ¡Adiós, mamá!.


Siempre lo mismo, todo en el mismo orden, suspiro.


Voy tarde como de costumbre, echo a correr y entró en la facultad. No tardo mucho en llegar, me cuelo en clase con gran disimulo y agilidad y me voy al final, a mi sitio al lado de la ventana y cerca de mis amigos.


Diciendo esto pensareis que soy el típico vago que no va a clase y que está siempre pidiendo los apuntes del último día, pero la verdad  es que soy bastante estudioso saco buenas notas, aunque la verdad me paso algunas clases mirado tras el cristal, pero siempre estoy atento.


Suena el timbre, pufff ahora tengo que ir hasta el otro lado de la facultad, bostezó y de repente siento una colleja por detrás.
-¡ ay! digo, fingiendo dolor.
- ¡ Bah! No te quejes que eres un nenaza,jajajaja.
- ¡Ahora verás!, acto seguido le doy un puñetazo en el hombre a mi gracioso amigo.
- ¡ Auu!, vale estamos en paz, y bueno, ¿ qué tal?
- ¿ Cómo qué que tal Pedro?, respondo algo confuso.
- Si, ¿ te la tiraste?
- Jajajaja, respondo con una sonora carcajada.


Pedro siempre es muy directo, y muy bromista aunque muchas veces me dan ganas de ostiarle, pero en el fondo no lo hago, supongo porque en el fondo es mi mejor amigo, quizás algo creído, pero bueno se puede pasar.


- Eso es que no ¿eh?, responde intentado hacerme rabiar.
- A ver ella es especial... 
- Sí claro, especial porque no te la quiso chupar, lo que es una puta estrecha.
- ¡Eh! Sin faltar, respondo enfadado.
- Bueno, bueno tranquilo, no me pegues, además si no te das prisa llegaremos tarde a clase.


Pedro echa a andar y yo le sigo, en ese instante le hubiera partido la cara, no podía permitir que dijera eso de esa chica tan especial, de mi chica quizás.


De repente un escalofrío me recorre el cuerpo, miro hacia atrás sin saber por qué, y ahí está ella, no puede ser pienso. Me froto los ojos, pestañeo varias veces, y vuelvo a mirar, sí, es ella y me está mirando y viene hacia a mí. Me pongo nervioso, estoy en blanco, no sé que hacer, y en cambio ella viene tan tranquila, segura de si misma.


Llega el momento, la tan ansiada colisión.


- ¡ Dani!, dice mi nombre ilusionada.
- Ho... Ho.. Hola, digo al fin.
- Tranquilo, que no muerdo, dice mientras me muestra su hermosa sonrisa.


Entonces, respiro y consigo volver a pensar.


- Jajaja, ya lo sé, tranquila es que no te esperaba ver por aquí, ¿ qué tal estas?
- Muy bien, acaso ¿ no me crees capaz de llegar hasta la universidad?, sonríe desafiante, pero bueno te lo paso por alto... a todo esto, ¿ a dónde ibas con tantas prisas?.
- Pues a química que tengo clase con el pedante del Sargento.
-¿ Sí? Anda yo también, no sabía que ibas a esa clase.
- Pues sí, acaso ¿ no me creías capaz? 
- Bueno... jejeje
- Bueno pues si no te das prisa me parece que llegaras tarde a química, le saco la lengua y echo a correr.
- ¡ Eh! ¡Tú!, se oye al final del pasillo.


Ahí estábamos los dos, corriendo como tontos para no llegar tarde, yo delante y ella detrás.


A partir de ese día descubrimos muchas más cosas de los dos, estudiábamos casi las mismas asignaturas, en la misma facultad, en la misma clase...
A partir de ese día, comenzamos a ponernos juntos en clase, a partir de ese día las clases comenzaron a darnos igual.


A partir de ese día...


- ¿ Sabes qué?, dice ella entre susurros.
- No, dime.
- Yo antes era una alumna ejemplar, me sentaba delante en clase, estaba atenta, tomaba apuntes, en cambio a hora, me siento en última fila, no paro de hablar, no estoy atenta y no tomo apuntes.
- Sí , claro y ahora también me dirás que eres casta y pura, ¿ no?.
 Entonces me da un codazo no muy fuerte en la costilla mientras dice levemente enfadada: ¡Idiota!.


Después de eso no puede soltar una carcajada que rompió aquel silencio solamente interrumpible por aquel profesor.


De repente todo el mundo mira hacia atrás incluido el profesor.
Siento mi corazón latir con fuerza, me pongo nervioso, ella colorada.


- Ya son mayorcitos para estar haciendo el tonto en mi clase. ¡Fuera!.


Acto seguido escapamos corriendo entre risas casi imperceptibles  cerrando con fuerza la puerta de madera que separaba aquella sala del pasillo.


- Yo antes hablaba en clase, nunca me echaban a la calle, dice ella apoyada en la puerta.
- No estás en la calle, estás en pasillo, sonrío levemente.
- Tonto, responde ella con voz aniñada.


Entonces la beso, es un beso profundo, un beso con amor, un beso que no quiere fin.






A partir de ese día... sé a ciencia cierta que... estoy enamorado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario