Me despierto por el ruido del despertador, las diez de la mañana, bostezo a la par que estiro mis brazos, apenas he dormido 3 horas y ni siquiera me he quitado la ropa de anoche, anoche.... pienso por un instante, salgo de mi cuarto y bajo las escaleras rápidamente hasta llegar a la cocina.
- Buenos días, responde mi madre mas verme.
- Hola mamá, respondo con tono serio.
- ¿Qué te pasa? ¿ Y esa cara?
- Llegue tarde a casa anoche, respondí tajante.
- ¿Qué hicisteis para llegar tan tarde? ¡Eh! Siempre igual. Comenzó a hablar enfada ,casi gritándome,sin más y sin ni si quiera dejarme responder.
Permanecí escuchando cada palabra que salía por su boca, callado, sin decir nada, hasta que no pude más y estallé.
- ¿ Quieres saber dónde estuve a noche?, ¿ quieres saberlo?, respondí gritando. - Estuve en el hospital y si no te llame fue porque me quede sin batería en el móvil, ¿ te crees que la única que paso mala noche fuiste tú?, pues te equívocas, continué mientras daba un puñetazo a la encimera de granito intentado calmarme.
- ¿ Qué pasó?, preguntó mi madre girándose y mirándome a los ojos.
- Juan y estos tuvieron un accidente mientras iban a la discoteca, Lidia y yo íbamos también de camino cuando de repente nos llamó Lucía llorando y nos contó que estaba en el hospital con la familia de Juan que habían tenido un accidente...
- Ohhh, pero, ¿ cómo no me llamaste? lo.. lo siento no sabía nada, y...,¿ cómo está Juan?, ¿le ha pasado algo?.
- Pues... -suspiré- Juan está bien... pero... no va a volver a llevar una vida normal, no puede andar.
- ¡Madre mía!, voy a llamar a Teresa, tienen que estar destrozados, dijo casi susurrando, como si estuviera pensando en alto.
- Bueno mamá... me voy al hospital, prometí que iría y que me quedaría con Juan un rato para que sus padres y Lucía descansaran.
- Vale, pero te llevo yo, apenas has dormido y no estas en condiciones de conducir.
- Mamá, de verdad que no hace falta, estoy bien, contesté mientras le mostraba mi sonrisa más afable.
- Bueno, como quieras, pero cuando llegues dame aunque sea un toque, ¿ vale?.
Me acerque a ella y le di un beso en la frente ya que debido a mi altura y a mis pocas ganas de agacharme era lo que más me pillaba a mano.
Media hora más tarde ya estaba en aquel hospital de nuevo, entré en la recepción del hospital y pregunté por la habitación y enseguida cogí el ascensor.
Al poco llegue a una planta, con un largo pasillo que parecía interminable, comencé a andar, 323, 324. 325...
326, aquí está, pensé.
Toque a la puerta, y a continuación entré.
- ¿ Se puede?, pregunté casi en un susurro.
Allí estaban Rubén y Teresa, los padres de Juan y Lucía su amor platónico que aún él desconocía.
Saludé a todos y entonces empecé a hablar con Teresa.
- ¿ Cómo ha pasado la noche, Teresa?
- Bien, no se ha despertado aun, lleva toda la noche durmiendo, me respondió mirando a su hijo, que estaba tumbado en una cama al otro lado de la habitación.
- ¿ Y vosotros cómo estáis?
- Bueno... dentro de lo que cabe..., me respondió casi llorando.
- Bueno Teresa, tranquila, ya estoy yo aquí, iros a la cafetería a desayunar tranquilos y descansad un poco, ya me quedo yo, ¿ vale?.
Me respondió afirmando con la cabeza mientras miraba a su marido y se intentaba secar las pocas lágrimas que salieron de sus ojos.
- Lucía, ¿ te vienes?, preguntó Teresa
- No gracias, Teresa, me quedo aquí con Dani.
Enseguida se marcharon Rubén y Teresa, y yo me cogí una silla que había en un lado de la habitación. La puse al lado de Lucía que estaba sentada junto a la cama, sin dejar de mirar a Juan.
- ¿ Qué tal estás Luci?
- Cansada....
- Te tendría que haber traído un trozo de bizcocho de mi casa, del que hace mi madre, que está buenísimo, pero con las prisas no me he traído nada.
- No pasa nada... , respondió intentando sonreír.
- Ummm... ¿ te gusta Juan verdad?
- ¿ Cómo lo sabes?, ¿te lo ha contado Lidia, verdad? cuando la vea, la mato... , respondió mirándome por primera vez desde que entré en la habitación.
- Lo noté anoche, por cómo llorabas, por como te preocupabas por él.
- Dani... anoche creí que lo iba a perder, que lo iba a perder sin poder hablar con él, sin poder decirle que...
- Que lo quieres...
- Sí... contestó, mientras se desmoronaba como un castillo de naipes y comenzaba a llorar.
Instintivamente la abracé, y continué hablando con ella.
- Lucía, pero él, está aquí, ¿ no?, no lo has perdido así que alégrate y no llores más, le dije mientras le secaba las lágrimas.
- Sí, es verdad, respondió sonriendo por primera vez.
- Bueno... cambiando de tema y ¿ Pedro?.
- Ni idea, después de llegar al hospital e ir a urgencias y decirnos que estábamos bien, se fue...
- ¿ Cómo que se fue?, ¿ así sin mas?
- Sí, supongo porque fue él el que tubo la culpa... sino hubiera estado haciendo el tonto, si no hubiera agarrado el volante..
- ¿ El volante?
- Sí, estaba haciendo el tonto, ya sabes como es, y no sé que le dio que agarró el volante, supongo que intentó asustarme, pero no nos dimos cuenta de la curva y...
- Hijo de puta... ¡ Hijo de puta!, lo voy a matar al muy cabrón.
- Dani, tranquilízate, no sirve de nada que lo mates, seguiría siendo igual...
- Él muy... se fue sin decir nada, sin preocuparse por nada ni por nadie, encima de que todo fue por su culpa,¿ y quieres que me tranquilice?, este se va enterar, vaya que si se va a enterar...
Él muy hijo de perra se marchó sin más, y encima por culpa suya, por sus malditas gilipolleces, pensé, pero ahora tenía que tranquilizarme, no quería pensar en eso ahora.
- Y... bueno, ¿se lo habéis contado?
- No, aún, no..., respondió mirando al suelo- lo único que recuerdo después de golpe era cómo Juan decía aturdido que no podía mover las piernas y... , no pudo contener las lágrimas y mi amiga, aquella chica menudita, mona, y que siempre tenia una sonrisa en la cara, se ponía a llorar de nuevo, esta vez desconsoladamente.
En ese instante, un ruido que venía de la cama, nos hizo a Lucía y a mí girarnos, era Juan estaba abriendo los ojos e intentando levantarse. En ese mismo instante Lucia dejo de llorar, dejando nuestra conversación atrás, dejando todo atrás.
- Ummm, musitó Juan
- ¡ Buenos días, bello durmiente!, le dije bromeando.
-¿ Dónde estoy?
- En el hospital.
- Mierda...¿ no me digas que me he pillado un coma etílico de esos?
- Jajajaja, que va, tío.
- Ahh bueno, entonces ¿ qué?, ¿ qué me ha pasado?
En ese momento Lucía se quedó petrificada, y creo que yo también.
- Oye, ¿ por qué no puedo mover las piernas? preguntó Juan asustado y bastante alterado.
- Juan..., consiguió pronunciar Lucía casi llorando.
- Pues... por la anestesia, que aun no se te habrá pasado, conseguí responder hábilmente cortando a Lucía- bueno, ¿ quieres desayunar algo?, pregunté cambiando de tema.
- ¿ Qué hay para desayunar? preguntó Juan olvidándose de sus piernas.
- Pues un puré extraño de color amarillo, y un batido de estos que le dan a los viejos, le respondí mientras miraba lo que había en una bandeja cerca de la cama.
- Puajjj, que asco tío, respondió riéndose.
- Bueno si quieres, te puedo traer algo de la cafetería a escondidas, ¿ qué te parece?
- Bueno vale, y me traes el Marca de paso.
- Que morro que tienes... pero bueno hoy se la paso al señorito, contesté fingiendo enfado.
- Bueno, ¡ espera que te acompaño! contestó Lucía.
Nos levantamos y salimos de la habitación y en cuanto cerré la puerta me cogió del brazo, parándome para que no andase.
- ¿Tú eres tonto, tío?
- ¿ Cómo?, contesté sin saber nada.
- Para que le dices nada de que no se le ha pasado la anestesia ni nada, ¡ eh!
- Pero...
- Pero, ¿ qué narices te pasa?, ¿ quieres que se haga ilusiones para que luego se entere de que va estar postrado en una maldita silla de ruedas toda su vida?, me respondió casi gritando.
- ¿ Qué querías que hiciera?, ¿ que más despertarse le dijese que no iba a poder andar más en su vida?.
En ese instante, Lucía comenzó a llorar desconsoladamente, y en ese mismo instante también acababan de aparecer los padres de Juan.
-¿ Qué pasa?, preguntó Rubén, mirando a Lucía.
- Que Juan se ha despertado, respondió ella entre sollozos.- y ha preguntado por qué no puede mover sus piernas...
En ese momento la madre de Juan se echó a llorar y Rubén enseguida la abrazó.
- No puedo decírselo, Rubén no puedo..., dijo Teresa llorando.
- Tranquila cariño, respondió Rubén aguantándose las ganas de llorar.
Teresa sacó un pañuelo de su bolsillo, y se sonó la nariz a la vez que echaba a andar por el pasillo, Lucía fue tras ella, por lo que Rubén y yo nos quedamos solos delante de esa puerta.
- Dani, tengo que pedirte un favor, a lo mejor no quieres... sé que es díficil y que... pero es que yo no puedo, no puedo decírselo...
- Tranquilo Rubén, respondí intentado calmarle.
- Sois amigos de toda la infancia, desde que erais pequeños, seguro que... tú, y sin terminar la frase vi como le caían unas pequeñas lágrimas de los ojos.
- Tranquilo Rubén, lo haré, además Juan es como un hermano para mí, así que tranquilo, lo haré.
- Gracias de verdad Dani, gracias, me respondió intentando sonreír.
- Id a la cafetería y traedle un croissant de chocolate y el Marca, que se lo he prometido, ¿ vale?, le respondí con una sonrisa.
- Jajaja, está bien y gracias de nuevo, me respondió mientras se secaba las lágrimas con un pañuelo, y se marchó.
Ahora me tocaba entrar en ese cuarto, y dice la verdad, suspiré, y abrí la puerta.
-¿ Y el Marca y mi desayuno?, preguntó mi amigo desde la cama..
- El desayuno me lo he comido por el camino, respondí- bueno Juan tío, tenemos que hablar.
- ¿ Qué pasa Dani?.
- No te asustes, ¡ eh!, tranquilo fiera.
- Vale, vale, venga dispara.
- Haber... no es fácil... ¿ recuerdas algo del accidente?.
- No mucho la verdad.
- Bueno pues ibais de camino a la discoteca, y os salisteis de la carretera en una curva, y tuvisteis un buen golpe...
- Bueno sí, me lo imaginaba,¿ pero qué pasa?
- Pues, pasa que... no tienes ningún efecto de la anestesia, pasa que... no puedes mover las piernas por qué..., tragué saliva y continué- por qué tras el accidente tus piernas no responde, no sé la explicación médica
exacta pero lo que si sé, es que no vas a volver a poder...
- A poder andar,¿ no?, me respondió fríamente.
- Tío, yo.. lo siento, respondí con miedo.
- Sientes, ¿ sientes el qué? tú no vas a sentir nada, y fue a partir de aquí cuando mi amigo se echó a llorar y a gritar- tú no eres el que no va a volver andar, tú no eres el puto minusválido que todo el mundo mira al pasar... , y entonces comenzó a llorar aun mas fuerte y desconsoladamente.
- Juan, yo..., al ver a mi amigo llorando, con aquel llanto de dolor, de tristeza, de indignación, no pude soportarlo y de mis ojos comenzaron a caer lágrimas.
- ¿ Por qué a mi?, por quéeeeee, gritó llorando.
lunes, 19 de diciembre de 2011
jueves, 15 de diciembre de 2011
Una larga espera.
Miro al monitor 23:25, vamos bien pienso, y vuelvo a concentrarme a la carretera, de repente comienza a sonar nuestra canción, y ella como siempre se pone a cantar y bailar suavemente al ritmo de la música.
Nuestras miradas se cruzan en un instante, ella me sonríe, yo le respondo con otra sonrisa, gira su cabeza mira al frente sin parar de cantar, baja el parasol del coche, se mira en el espejo, yo concentrado en la carretera, ella pintándose los labios.
De pronto se para la música, es el manos libres.
- Es Lucía, ¿ le doy? pregunta mi chica.
- Sí, dale.
- ¡ Buenas Luci ! Qué ya estamos llegando nos quedará como 10 minutos, ¿ ya habéis llegado?, contesto sin dejar de prestar atención a la carretera.
Ahí estábamos Lidia y yo esperando una respuesta, que al parecer solo era silencio.
- Luci,¿pasa algo?, pregunta preocupada Lidia.
- Estamos en el hospital... responde ella intentando sacar un hilo de voz.
- ¿ Pero que ha pasado?, ¿ estáis bien?, pregunto Lidia al borde de la histeria.
Lucía no respondía, solamente unos sollozos fueron su respuesta.
- Bueno,¿en que hospital estáis? pregunto Lidia.
Yo no podía hablar, quería pero no me salía la voz, lo único que podía hacer era seguir conduciendo, seguir adelante y no pensar, solo cambiar el rumbo para ir al hospital.
Durante el trayecto el silencio inundó el coche, Lidia iba con la cabeza apoyada al cristal, no sé en que momento me pareció oírla llorar y enseguida la cogía de la mano se le apreté bien fuerte y le dije: "ya verás como todo sale bien".
Ella respondió afirmando con la cabeza fuertemente, como queriendo convencerse así misma, pero su cara mostraba todo lo contrario sus ojos llenos de lágrimas y sucios por el rímel.
El tiempo se hacía eterno, pero para bien o para mal llegamos a aquel hospital. Entramos lo más rápido que pudimos, allí estaba Lucía, sentada en una sala de espera.
Lidia al verla echó a correr y fue a abrazarla, en seguida se pusieron las dos a llorar.
- Tú cara...¿ qué ha pasado Lucía?, escuché preguntar a Lidia.
- El coche... no vimos la curva... y..., enseguida Lucía comenzó de nuevo a llorar.
Lidia enseguida la abrazo y le dio un beso en la mejilla, acto seguido me acerque a ellas y abracé a Lucía con cariño.
- Ya estamos aquí, tranquila, respondí
Le di un beso en la cabeza y seguí
- Respira, y dinos, ¿ dónde están Juan y Pedro?
Lucía cogió aire, y por un momento pareció calmarse.
- Pedro se ha ido no sé donde está, y Juan..., comenzó a llorar desconsoladamente, era un llanto desgarrado, un llanto que parecía matarla desde dentro.
- Juan... Juan... está en el quirófano, respondió y enseguida volvió a llorar cada vez más y más fuerte.
Enseguida Lidia y yo la abrazamos con fuerza, ella lloraba cada vez más fuerte, en su llanto no solo había dolor, había algo más, con cada lágrima parecía que su corazón se rompía cada vez más.
En cierta ocasión Lidia me comentó lo que Lucía sentía por Juan y que no era capaz de decírselo.
Y sí, en aquel instante comprobé que estaba enamorada de verdad.
Poco tiempo más tarde los padres de Juan llegaron al hospital, a partir de ahí todo era confuso, lo único que recuerdo eran llantos y más llantos. Sentía ganas de escapar de allí, de correr, no quería creérmelo, todo aquello no podía ser real.
- Cariño, voy un momento fuera, ¿ vale?, dije mientras le daba un beso en la frente a Lidia.
Sin esperar respuesta, inmediatamente me fui fuera, a una pequeña zona ajardinada, a la espaldas del hospital.
Me apoyé sobre la pared del hospital, me metí las manos en los bolsillos, y comencé a pensar, a intentar ordenar todo lo sucedido esa noche.
Era tarde, pero en aquel lugar había médicos, enfermeras y demás personal del hospital, fumando y hablando tranquilamente, tomando un descanso supongo.
De repente se me acercó un hombre, preguntándome que si quería un cigarro, entonces levante la cabeza, era un chico joven, seguramente un ATS.
- No, gracias, no fumo, respondí
- Bueno como quieras, me contestó y dio una calada al cigarro que estaba fumando.
En ese momento, no tenía ganas de nada, ni de hablar ni de nada, pero ese instante tuve la necesidad de fumar un cigarrillo.
- ¡ Qué coño!, pensé en voz alta,- Dame un cigarrillo, dije.
Aquel chaval me dio un cigarrillo lo cogí junto con un mechero y lo encendí, di un calada aquel cigarrillo, y en seguida tosí.
- No sé, que mierda hago fumando, respondí.
- Jajajaja, creo que en momentos como este la gente necesita fumar para llevar esto adelante, respondió el chaval.
- Sí..., respondí junto con un movimiento de cabeza mientras le daba una larga calada a aquel cigarro.
- Me llamo Ricardo, contestó a la vez que me ofrecía la mano.
- Yo, Dani, respondí, a la vez que estrechaba su mano.
- Y bueno, ¿ qué te trae por aquí? Nada bueno imagino...
- Imaginas bien... respondí dándole una calada a aquel cigarro,- Un accidente, mi amigo en quirófano, su novia, su familia y mi chica llorando...., una mala noche.
- Entiendo, Dani. respondió dándole una última calada a su cigarro y tirándolo al suelo. - ¿Sabes? Desde que trabajo aquí ninguna noche es buena, pero bueno... que se le va hacer. Bueno, ¿ te acompaño a dentro?.
- Sí, bueno, vale, respondí a la vez que tiraba el cigarrillo al suelo y lo apagaba con el pie.
De camino a la sala de espera le fui contando a aquel ATS, Ricardo, lo que había sucedido y el me prometió que movería unos hilos para conseguirle una habitación sin nadie para nuestro amigo, yo se lo agradecí y enseguida me fui corriendo a aquella sala de espera.
Allí estaban todos, me acerque lentamente y sin hacer ruido abracé a mi chica por la espalda y le di un beso en el cuello.
- ¿ Sabéis algo nuevo?, pregunte casi susurrando a su oído.
- No... ¿ dónde has estado?, preguntó ella sin elevar mucho la voz.
- Tomando el aire, necesitaba despejarme un poco, ¿ como sigue Lucía?
- Mucho más tranquila, incluso se ha reído al verse los arañazos que tiene en la cara.
- Bueno, eso está bien, ¿ y los padres de Juan?.
- No lo sé... pero parecen que están más tranquilos.
Después de aquella pequeña conversación casi en silencio, la volví abrazar fuertemente y le dí un beso otra vez en el cuello.
Miré mi reloj, y acto seguido se abrieron las puertas de aquel quirófano, enseguida todos nos acercamos y un cirujano salió.
- ¿ La familia Rodríguez?
- Sí, nosotros, respondieron casi a la vez los padres de Juan.
- Vamos a llevar a su hijo a observación, a una habitación privada, enseguida podrán verle, pero tengo que comunicarles que su hijo está bien dentro de lo que cabe, pero...
- Pero ¿ qué?, preguntó la madre de Juan.
-Pero su hijo a raíz del accidente ha tenido un gran golpe, y... no volverá a caminar, pero podrá seguir con una vida normal. sé que es duro decirle esto en estos momentos y lo siento, de verdad.
- Bueno... muchas gracias doctor, respondió el padre de Juan.
- Les dejo, sean fuertes, si necesitan algo , me tienen para lo que sea, de verdad.
- Gracias, muchas gracias doctor, volvió a responder el padre de Juan.
El cirujano se marchó y acto seguido la madre de Juan, Teresa, comenzó a llorar desconsoladamente, enseguida Rubén, el padre, fue abrazarla escapándosele a él también las lágrimas.
En cuanto se separaron me acerque y fui a abrazar a Teresa, la conocía de toda la vida, Juan y yo éramos amigos desde que íbamos a parbulitos, había pasado tantas tardes en su casa, con aquella meriendas que preparaba su madre...
No podías fallarles en aquel momento, pensé.
En cuanto nos separamos vino también Rubén, y dándole una palmadita en la espalda de manera afectuosa les dije:
- Rubén, Teresa me tenéis para lo que haga falta.
- Muchas gracias, me respondió Teresa agarrándome con fuerzas las manos.
- Gracias, respondió Rubén con lágrimas en los ojos.
Al poco apareció una enfermera, indicándonos dónde estaba nuestro amigo, al llegar, aquella imagen nos sorprendió a todos. Juan, tumbado en aquella camilla, lleno de vendas y arañazos por todos sitios, inconsciente por culpa de la anestesia.
Lucía al verle se echo a llorar y abrazó enseguida a Lidia, ahogando su llanto en el pecho de mi chica.
Juan, mi amigo de la infancia, de toda la vida.... la verdad se me partía el corazón verle así, pensando que ya no podría correr, ni jugar al fútbol, ni volver a andar, ni pasear.... pensando en lo duro que sería cuando se enterara.
Los padres de Juan no hablaban, no hacían nada, solo mirar a su hijo que estaba postrado en aquella cama. Poco después nos despedimos de ellos, Lucía insistió en quedarse y así lo hizo, nosotros prometimos volver al día siguiente por la mañana.
Llevé a Lidia a su casa, durante el trayecto ni siquiera pusimos la radio, ni hablamos, solo silencio, pero al llegar a su casa y abrir la puerta del coche, me besó con fuerza como si fuera la última vez que me fuera a besar.
- Prométeme que nunca me dejarás
- Te lo prometo siempre estaré contigo, y la volví a besar con todas mis fuerzas.
Nuestras miradas se cruzan en un instante, ella me sonríe, yo le respondo con otra sonrisa, gira su cabeza mira al frente sin parar de cantar, baja el parasol del coche, se mira en el espejo, yo concentrado en la carretera, ella pintándose los labios.
De pronto se para la música, es el manos libres.
- Es Lucía, ¿ le doy? pregunta mi chica.
- Sí, dale.
- ¡ Buenas Luci ! Qué ya estamos llegando nos quedará como 10 minutos, ¿ ya habéis llegado?, contesto sin dejar de prestar atención a la carretera.
Ahí estábamos Lidia y yo esperando una respuesta, que al parecer solo era silencio.
- Luci,¿pasa algo?, pregunta preocupada Lidia.
- Estamos en el hospital... responde ella intentando sacar un hilo de voz.
- ¿ Pero que ha pasado?, ¿ estáis bien?, pregunto Lidia al borde de la histeria.
Lucía no respondía, solamente unos sollozos fueron su respuesta.
- Bueno,¿en que hospital estáis? pregunto Lidia.
Yo no podía hablar, quería pero no me salía la voz, lo único que podía hacer era seguir conduciendo, seguir adelante y no pensar, solo cambiar el rumbo para ir al hospital.
Durante el trayecto el silencio inundó el coche, Lidia iba con la cabeza apoyada al cristal, no sé en que momento me pareció oírla llorar y enseguida la cogía de la mano se le apreté bien fuerte y le dije: "ya verás como todo sale bien".
Ella respondió afirmando con la cabeza fuertemente, como queriendo convencerse así misma, pero su cara mostraba todo lo contrario sus ojos llenos de lágrimas y sucios por el rímel.
El tiempo se hacía eterno, pero para bien o para mal llegamos a aquel hospital. Entramos lo más rápido que pudimos, allí estaba Lucía, sentada en una sala de espera.
Lidia al verla echó a correr y fue a abrazarla, en seguida se pusieron las dos a llorar.
- Tú cara...¿ qué ha pasado Lucía?, escuché preguntar a Lidia.
- El coche... no vimos la curva... y..., enseguida Lucía comenzó de nuevo a llorar.
Lidia enseguida la abrazo y le dio un beso en la mejilla, acto seguido me acerque a ellas y abracé a Lucía con cariño.
- Ya estamos aquí, tranquila, respondí
Le di un beso en la cabeza y seguí
- Respira, y dinos, ¿ dónde están Juan y Pedro?
Lucía cogió aire, y por un momento pareció calmarse.
- Pedro se ha ido no sé donde está, y Juan..., comenzó a llorar desconsoladamente, era un llanto desgarrado, un llanto que parecía matarla desde dentro.
- Juan... Juan... está en el quirófano, respondió y enseguida volvió a llorar cada vez más y más fuerte.
Enseguida Lidia y yo la abrazamos con fuerza, ella lloraba cada vez más fuerte, en su llanto no solo había dolor, había algo más, con cada lágrima parecía que su corazón se rompía cada vez más.
En cierta ocasión Lidia me comentó lo que Lucía sentía por Juan y que no era capaz de decírselo.
Y sí, en aquel instante comprobé que estaba enamorada de verdad.
Poco tiempo más tarde los padres de Juan llegaron al hospital, a partir de ahí todo era confuso, lo único que recuerdo eran llantos y más llantos. Sentía ganas de escapar de allí, de correr, no quería creérmelo, todo aquello no podía ser real.
- Cariño, voy un momento fuera, ¿ vale?, dije mientras le daba un beso en la frente a Lidia.
Sin esperar respuesta, inmediatamente me fui fuera, a una pequeña zona ajardinada, a la espaldas del hospital.
Me apoyé sobre la pared del hospital, me metí las manos en los bolsillos, y comencé a pensar, a intentar ordenar todo lo sucedido esa noche.
Era tarde, pero en aquel lugar había médicos, enfermeras y demás personal del hospital, fumando y hablando tranquilamente, tomando un descanso supongo.
De repente se me acercó un hombre, preguntándome que si quería un cigarro, entonces levante la cabeza, era un chico joven, seguramente un ATS.
- No, gracias, no fumo, respondí
- Bueno como quieras, me contestó y dio una calada al cigarro que estaba fumando.
En ese momento, no tenía ganas de nada, ni de hablar ni de nada, pero ese instante tuve la necesidad de fumar un cigarrillo.
- ¡ Qué coño!, pensé en voz alta,- Dame un cigarrillo, dije.
Aquel chaval me dio un cigarrillo lo cogí junto con un mechero y lo encendí, di un calada aquel cigarrillo, y en seguida tosí.
- No sé, que mierda hago fumando, respondí.
- Jajajaja, creo que en momentos como este la gente necesita fumar para llevar esto adelante, respondió el chaval.
- Sí..., respondí junto con un movimiento de cabeza mientras le daba una larga calada a aquel cigarro.
- Me llamo Ricardo, contestó a la vez que me ofrecía la mano.
- Yo, Dani, respondí, a la vez que estrechaba su mano.
- Y bueno, ¿ qué te trae por aquí? Nada bueno imagino...
- Imaginas bien... respondí dándole una calada a aquel cigarro,- Un accidente, mi amigo en quirófano, su novia, su familia y mi chica llorando...., una mala noche.
- Entiendo, Dani. respondió dándole una última calada a su cigarro y tirándolo al suelo. - ¿Sabes? Desde que trabajo aquí ninguna noche es buena, pero bueno... que se le va hacer. Bueno, ¿ te acompaño a dentro?.
- Sí, bueno, vale, respondí a la vez que tiraba el cigarrillo al suelo y lo apagaba con el pie.
De camino a la sala de espera le fui contando a aquel ATS, Ricardo, lo que había sucedido y el me prometió que movería unos hilos para conseguirle una habitación sin nadie para nuestro amigo, yo se lo agradecí y enseguida me fui corriendo a aquella sala de espera.
Allí estaban todos, me acerque lentamente y sin hacer ruido abracé a mi chica por la espalda y le di un beso en el cuello.
- ¿ Sabéis algo nuevo?, pregunte casi susurrando a su oído.
- No... ¿ dónde has estado?, preguntó ella sin elevar mucho la voz.
- Tomando el aire, necesitaba despejarme un poco, ¿ como sigue Lucía?
- Mucho más tranquila, incluso se ha reído al verse los arañazos que tiene en la cara.
- Bueno, eso está bien, ¿ y los padres de Juan?.
- No lo sé... pero parecen que están más tranquilos.
Después de aquella pequeña conversación casi en silencio, la volví abrazar fuertemente y le dí un beso otra vez en el cuello.
Miré mi reloj, y acto seguido se abrieron las puertas de aquel quirófano, enseguida todos nos acercamos y un cirujano salió.
- ¿ La familia Rodríguez?
- Sí, nosotros, respondieron casi a la vez los padres de Juan.
- Vamos a llevar a su hijo a observación, a una habitación privada, enseguida podrán verle, pero tengo que comunicarles que su hijo está bien dentro de lo que cabe, pero...
- Pero ¿ qué?, preguntó la madre de Juan.
-Pero su hijo a raíz del accidente ha tenido un gran golpe, y... no volverá a caminar, pero podrá seguir con una vida normal. sé que es duro decirle esto en estos momentos y lo siento, de verdad.
- Bueno... muchas gracias doctor, respondió el padre de Juan.
- Les dejo, sean fuertes, si necesitan algo , me tienen para lo que sea, de verdad.
- Gracias, muchas gracias doctor, volvió a responder el padre de Juan.
El cirujano se marchó y acto seguido la madre de Juan, Teresa, comenzó a llorar desconsoladamente, enseguida Rubén, el padre, fue abrazarla escapándosele a él también las lágrimas.
En cuanto se separaron me acerque y fui a abrazar a Teresa, la conocía de toda la vida, Juan y yo éramos amigos desde que íbamos a parbulitos, había pasado tantas tardes en su casa, con aquella meriendas que preparaba su madre...
No podías fallarles en aquel momento, pensé.
En cuanto nos separamos vino también Rubén, y dándole una palmadita en la espalda de manera afectuosa les dije:
- Rubén, Teresa me tenéis para lo que haga falta.
- Muchas gracias, me respondió Teresa agarrándome con fuerzas las manos.
- Gracias, respondió Rubén con lágrimas en los ojos.
Al poco apareció una enfermera, indicándonos dónde estaba nuestro amigo, al llegar, aquella imagen nos sorprendió a todos. Juan, tumbado en aquella camilla, lleno de vendas y arañazos por todos sitios, inconsciente por culpa de la anestesia.
Lucía al verle se echo a llorar y abrazó enseguida a Lidia, ahogando su llanto en el pecho de mi chica.
Juan, mi amigo de la infancia, de toda la vida.... la verdad se me partía el corazón verle así, pensando que ya no podría correr, ni jugar al fútbol, ni volver a andar, ni pasear.... pensando en lo duro que sería cuando se enterara.
Los padres de Juan no hablaban, no hacían nada, solo mirar a su hijo que estaba postrado en aquella cama. Poco después nos despedimos de ellos, Lucía insistió en quedarse y así lo hizo, nosotros prometimos volver al día siguiente por la mañana.
Llevé a Lidia a su casa, durante el trayecto ni siquiera pusimos la radio, ni hablamos, solo silencio, pero al llegar a su casa y abrir la puerta del coche, me besó con fuerza como si fuera la última vez que me fuera a besar.
- Prométeme que nunca me dejarás
- Te lo prometo siempre estaré contigo, y la volví a besar con todas mis fuerzas.
domingo, 11 de diciembre de 2011
La noche.
Siguieron pasando los días y con ellos llegaron los exámenes, el período de tiempo que todo el mundo odia, ahora tocaba aislarse del todo y de todos, incluso de ella.
Aunque me aislara del mundo y no tuviera tiempo para nada siempre estaba ella en mi mente a cada instante, ente números y letras, entre página y página, ella.
Me la imaginaba estudiando o pensando en mí, no en mí no, ella no era de perder el tiempo pensando en tonterías.
Suspiro, y por un instante vuelvo a aquel maldito libro, a estudiar, será una noche larga, pienso por última vez.
No sé que hora sería, las una o las dos o quizás más tarde, no lo sabía, pero ahí seguía yo estudiando, llevaría 3 horas sin levantarme e intentado mantenerme despierto a base de café, cuando de repente una música inundó mi cuarto, y toda mi casa. Me apresuré enseguida en contestar más que nada por no despertar a nadie , y así sin mas, sin ni siquiera mirar la pantalla contesté:
-¿Sí?
-Hola,¿ aún sigues estudiando?.
No me lo podía creer, era ella, mi corazón palpito de alegría y en ese instante se paso el cansancio, el dolor de cabeza, todo, ella era la que me daba energía para seguir hacia delante.
- Sí, aquí sigo estudiando bufff, ¿ y tú?.
- Estudiando también, pero ya no aguantaba más, necesitaba oir tu voz, respondió ella con una voz dulce y sigilosa.
-¿Sí? ¿Enserio? Yo creía que tu no perdías el tiempo en tonterías.
- Pensar en ti no es una tontería, para mí tu no eres ninguna tontería.
Tras esas palabras no pude evitar sonreír e intuir como se enrojecía, aunque no la viera, porque aunque vaya de chica segura yo he sido uno de los pocos por no decir el único privilegiado de verla sonrojarse, y decirle lo guapa que estaba cuando estaba así.
. Pues quiero que sepas que tu eres la mejor tontería que me ha pasado en toda mi vida y que no me arrepiento de ello.
- Jejeje, bueno... tengo que colgarte, cariño.
. Vale, buenas noches y no estudies mucho.
- Vale eso haré, estoy muerta ya no puedo más.
- Descansa, te quiero.
- Yo también, buenas noches, respondió por última vez antes de colgar.
- Buenas noches, contesté también.
Poco minutos hicieron falta para que ella con su voz parara mi mundo para llevarme a otro mejor, poco después me ojos se cerraron y el sueño se apoderó de mí, llevándome sin duda a un lugar mejor.
La noche pasó y con ella unas tantas más de noches interminables.
-------
Mi mano ya no daba más de si, me dolía la muñeca, pero por fin terminé el ejercicio y al instante sonó al timbre, lo conseguí, justo a tiempo, pensé a la vez que suspiraba tranquilo.
Al poco aquella clase comenzó a inundarse de gente que se levantaba para entregar el examen, unos satisfechos y alegres y otros pocos abatidos, con miedo en sus caras por cómo les habrá salido. Pero poco después comenzó un revuelo de gente ansiosa por salir de aquella maldita clase, se acababan los exámenes y con ellos nuestras largas horas de prisión.
Allí estaban en el pasillo esperándome mis amigos, Pedro, Juan, Lucía y mi chica Lidia. No nos falto tiempo para comentar el examen, y a mí no me falto tiempo para besar a mi chica.
- Bueno, bueno chicos, ni que no os hubierais visto en dos días, dijo Pedro.
- Bah, dijo Lidia y volvió a besarme.
- Bueno esta noche ya sabéis lo que toca, ¿ no ?, dijo Juan intentando cambiar el tema de conversación.
- Fiesta ¡Yujuuuu!, contesto Lucía, con aquel yuju que se tuvo que oír por toda la facultad.
-¿ Qué tal si vamos al Pt3! ? creo que es una disco nueva que han abierto a las afueras de la ciudad y me han dicho que está muy bien, propuso Juan.
- Bueno chicos, si queréis os recojo yo, ¿ vale?.
- No hace falta Lucía contesté yo, ya me paso yo a recoger a Lidia que me pilla de paso y así te quito trabajo de encima.
- Sí, sí, trabajo dice, bueno parejita como queráis... vayas locuelos estáis hechos.
-¿ Locuelos?, contesté riéndome a no más no poder.
-¿A quién le has oído decir eso? preguntó Lidia riéndose también.
- Oye, que se lo escuche a una mujer el otro día en la tele y me molo a ver que pasa, contestó algo molesta nuestra amiga del yuju.
- Bueno,bueno nosotros nos vamos "locuelos" jajaja, cogí de la mano a Lidia y casi echo a correr porque ya no aguantaba más, la quería para mi, necesitaba estar junto a ella; - Bueno nos vemos a las once y media allí, adiós.
Enseguida nos fuimos con paso ligero de allí casi sin despedirnos, pero más que nunca necesitábamos estar el uno con el otro.
Tras unos largos besos, y muchos te quieros nos despedimos para vernos más tarde por la noche, una noche que deparaba ser larga.
Ella cogió su tren y yo el mío, el mismo trayecto de siempre, largo y aburrido, y encima hasta arriba de gente, hoy tocaba estar de pie, suspiré resignado mientras me ponía los auriculares y comenzaba a sonar mi canción favorita.
Esa tarde la pasé prácticamente en casa viendo la tele, hacía tiempo que no la veía desde que empece los exámenes.
La tarde pasó rápida entre anuncios, series y concursos de preguntas, después el telediario y una serie que me gustaba pero que no veía desde hacia ya y de la que no me enteraba mucho porque perdí el hilo hace tiempo, luego un bocadillo improvisado con una coca-cola y corriendo a arreglarme.
Esa noche estaba solo en casa, guay pensé, podré llegar tarde, sonríe cogí las llaves del coche y del garaje y con las mismas me fui.
Una vez dentro del coche, arranqué el motor y vi la hora que marcaba el monitor las 22:35 , tengo tiempo pensé y acto seguido pisé el acelerador y salí del garaje, aun tenia 20 minutos hasta llegar a casa de Lidia.
Tras un rato que no se me hizo muy largo, llegue a su casa, y allí estaba ella esperándome, guapísima como siempre pero esa noche aún más.
Paré el coche y no tardó en entrar dentro de él.
- Buenas noches guapa.
- Buenas noches, estoy muerta de frío, ¿ sabes? y yo ahí esperándote, me contesto ella fingiendo enfado.
- No te quejes que solo he llegado 5 minutos tarde pero no será..., la besé y acto seguido seguí - ¿ no será que vas tu muy fresca? jajajaja.
- Anda tira, contestó a la vez que me daba con su bolso de fiesta.
- ¡A sus ordenes mi capitana!
A continuación puse rumbo a aquella discoteca de moda que acababan de abrir y que estaba en la otra punta de la ciudad.
Rumbo a una noche larga, a una noche que cambiaría nuestras vidas...
Aunque me aislara del mundo y no tuviera tiempo para nada siempre estaba ella en mi mente a cada instante, ente números y letras, entre página y página, ella.
Me la imaginaba estudiando o pensando en mí, no en mí no, ella no era de perder el tiempo pensando en tonterías.
Suspiro, y por un instante vuelvo a aquel maldito libro, a estudiar, será una noche larga, pienso por última vez.
No sé que hora sería, las una o las dos o quizás más tarde, no lo sabía, pero ahí seguía yo estudiando, llevaría 3 horas sin levantarme e intentado mantenerme despierto a base de café, cuando de repente una música inundó mi cuarto, y toda mi casa. Me apresuré enseguida en contestar más que nada por no despertar a nadie , y así sin mas, sin ni siquiera mirar la pantalla contesté:
-¿Sí?
-Hola,¿ aún sigues estudiando?.
No me lo podía creer, era ella, mi corazón palpito de alegría y en ese instante se paso el cansancio, el dolor de cabeza, todo, ella era la que me daba energía para seguir hacia delante.
- Sí, aquí sigo estudiando bufff, ¿ y tú?.
- Estudiando también, pero ya no aguantaba más, necesitaba oir tu voz, respondió ella con una voz dulce y sigilosa.
-¿Sí? ¿Enserio? Yo creía que tu no perdías el tiempo en tonterías.
- Pensar en ti no es una tontería, para mí tu no eres ninguna tontería.
Tras esas palabras no pude evitar sonreír e intuir como se enrojecía, aunque no la viera, porque aunque vaya de chica segura yo he sido uno de los pocos por no decir el único privilegiado de verla sonrojarse, y decirle lo guapa que estaba cuando estaba así.
. Pues quiero que sepas que tu eres la mejor tontería que me ha pasado en toda mi vida y que no me arrepiento de ello.
- Jejeje, bueno... tengo que colgarte, cariño.
. Vale, buenas noches y no estudies mucho.
- Vale eso haré, estoy muerta ya no puedo más.
- Descansa, te quiero.
- Yo también, buenas noches, respondió por última vez antes de colgar.
- Buenas noches, contesté también.
Poco minutos hicieron falta para que ella con su voz parara mi mundo para llevarme a otro mejor, poco después me ojos se cerraron y el sueño se apoderó de mí, llevándome sin duda a un lugar mejor.
La noche pasó y con ella unas tantas más de noches interminables.
-------
Mi mano ya no daba más de si, me dolía la muñeca, pero por fin terminé el ejercicio y al instante sonó al timbre, lo conseguí, justo a tiempo, pensé a la vez que suspiraba tranquilo.
Al poco aquella clase comenzó a inundarse de gente que se levantaba para entregar el examen, unos satisfechos y alegres y otros pocos abatidos, con miedo en sus caras por cómo les habrá salido. Pero poco después comenzó un revuelo de gente ansiosa por salir de aquella maldita clase, se acababan los exámenes y con ellos nuestras largas horas de prisión.
Allí estaban en el pasillo esperándome mis amigos, Pedro, Juan, Lucía y mi chica Lidia. No nos falto tiempo para comentar el examen, y a mí no me falto tiempo para besar a mi chica.
- Bueno, bueno chicos, ni que no os hubierais visto en dos días, dijo Pedro.
- Bah, dijo Lidia y volvió a besarme.
- Bueno esta noche ya sabéis lo que toca, ¿ no ?, dijo Juan intentando cambiar el tema de conversación.
- Fiesta ¡Yujuuuu!, contesto Lucía, con aquel yuju que se tuvo que oír por toda la facultad.
-¿ Qué tal si vamos al Pt3! ? creo que es una disco nueva que han abierto a las afueras de la ciudad y me han dicho que está muy bien, propuso Juan.
- Bueno chicos, si queréis os recojo yo, ¿ vale?.
- No hace falta Lucía contesté yo, ya me paso yo a recoger a Lidia que me pilla de paso y así te quito trabajo de encima.
- Sí, sí, trabajo dice, bueno parejita como queráis... vayas locuelos estáis hechos.
-¿ Locuelos?, contesté riéndome a no más no poder.
-¿A quién le has oído decir eso? preguntó Lidia riéndose también.
- Oye, que se lo escuche a una mujer el otro día en la tele y me molo a ver que pasa, contestó algo molesta nuestra amiga del yuju.
- Bueno,bueno nosotros nos vamos "locuelos" jajaja, cogí de la mano a Lidia y casi echo a correr porque ya no aguantaba más, la quería para mi, necesitaba estar junto a ella; - Bueno nos vemos a las once y media allí, adiós.
Enseguida nos fuimos con paso ligero de allí casi sin despedirnos, pero más que nunca necesitábamos estar el uno con el otro.
Tras unos largos besos, y muchos te quieros nos despedimos para vernos más tarde por la noche, una noche que deparaba ser larga.
Ella cogió su tren y yo el mío, el mismo trayecto de siempre, largo y aburrido, y encima hasta arriba de gente, hoy tocaba estar de pie, suspiré resignado mientras me ponía los auriculares y comenzaba a sonar mi canción favorita.
Esa tarde la pasé prácticamente en casa viendo la tele, hacía tiempo que no la veía desde que empece los exámenes.
La tarde pasó rápida entre anuncios, series y concursos de preguntas, después el telediario y una serie que me gustaba pero que no veía desde hacia ya y de la que no me enteraba mucho porque perdí el hilo hace tiempo, luego un bocadillo improvisado con una coca-cola y corriendo a arreglarme.
Esa noche estaba solo en casa, guay pensé, podré llegar tarde, sonríe cogí las llaves del coche y del garaje y con las mismas me fui.
Una vez dentro del coche, arranqué el motor y vi la hora que marcaba el monitor las 22:35 , tengo tiempo pensé y acto seguido pisé el acelerador y salí del garaje, aun tenia 20 minutos hasta llegar a casa de Lidia.
Tras un rato que no se me hizo muy largo, llegue a su casa, y allí estaba ella esperándome, guapísima como siempre pero esa noche aún más.
Paré el coche y no tardó en entrar dentro de él.
- Buenas noches guapa.
- Buenas noches, estoy muerta de frío, ¿ sabes? y yo ahí esperándote, me contesto ella fingiendo enfado.
- No te quejes que solo he llegado 5 minutos tarde pero no será..., la besé y acto seguido seguí - ¿ no será que vas tu muy fresca? jajajaja.
- Anda tira, contestó a la vez que me daba con su bolso de fiesta.
- ¡A sus ordenes mi capitana!
A continuación puse rumbo a aquella discoteca de moda que acababan de abrir y que estaba en la otra punta de la ciudad.
Rumbo a una noche larga, a una noche que cambiaría nuestras vidas...
martes, 6 de diciembre de 2011
A partir de ese día...
Aún puedo pasar horas recordando nuestro último encuentro, todo parece tan perfecto, la música de mis cascos, todo lo que veo pasar. Miro fijamente al mar y pienso: ¡ Está ideal!.
Ahí estoy yo, corriendo bajo el frío de la mañana sumido en mis más profundos pensamientos hasta que un timbre choca contra el más profundo pensamiento, vuelvo a la realidad, una bici que viene en dirección, me aparto rápidamente y acto seguido oigo una voz que dice: ¡ Gilipollas, mira por donde vas!.
En ese instante me paro, noto el corazón a mil por hora, casi me atropella una bici, a saber cuanto tiempo llevaba corriendo, pienso.
Sonrío, ¿ será que me estaré enamorando?.
Al día siguiente vuelta a la rutina, ahi esta otro día más aquel maldito despertador, ese que nunca suena a gusto de todos, me levanto y voy a desayunar, por suerte la cafetera ya está puesta y el café hirviendo, que haría yo sin mi madre, pienso.
Desayunar, arreglar aquel desaliñado pelo, vestirse y salir corriendo no sin antes decir un: ¡Adiós, mamá!.
Siempre lo mismo, todo en el mismo orden, suspiro.
Voy tarde como de costumbre, echo a correr y entró en la facultad. No tardo mucho en llegar, me cuelo en clase con gran disimulo y agilidad y me voy al final, a mi sitio al lado de la ventana y cerca de mis amigos.
Diciendo esto pensareis que soy el típico vago que no va a clase y que está siempre pidiendo los apuntes del último día, pero la verdad es que soy bastante estudioso saco buenas notas, aunque la verdad me paso algunas clases mirado tras el cristal, pero siempre estoy atento.
Suena el timbre, pufff ahora tengo que ir hasta el otro lado de la facultad, bostezó y de repente siento una colleja por detrás.
-¡ ay! digo, fingiendo dolor.
- ¡ Bah! No te quejes que eres un nenaza,jajajaja.
- ¡Ahora verás!, acto seguido le doy un puñetazo en el hombre a mi gracioso amigo.
- ¡ Auu!, vale estamos en paz, y bueno, ¿ qué tal?
- ¿ Cómo qué que tal Pedro?, respondo algo confuso.
- Si, ¿ te la tiraste?
- Jajajaja, respondo con una sonora carcajada.
Pedro siempre es muy directo, y muy bromista aunque muchas veces me dan ganas de ostiarle, pero en el fondo no lo hago, supongo porque en el fondo es mi mejor amigo, quizás algo creído, pero bueno se puede pasar.
- Eso es que no ¿eh?, responde intentado hacerme rabiar.
- A ver ella es especial...
- Sí claro, especial porque no te la quiso chupar, lo que es una puta estrecha.
- ¡Eh! Sin faltar, respondo enfadado.
- Bueno, bueno tranquilo, no me pegues, además si no te das prisa llegaremos tarde a clase.
Pedro echa a andar y yo le sigo, en ese instante le hubiera partido la cara, no podía permitir que dijera eso de esa chica tan especial, de mi chica quizás.
De repente un escalofrío me recorre el cuerpo, miro hacia atrás sin saber por qué, y ahí está ella, no puede ser pienso. Me froto los ojos, pestañeo varias veces, y vuelvo a mirar, sí, es ella y me está mirando y viene hacia a mí. Me pongo nervioso, estoy en blanco, no sé que hacer, y en cambio ella viene tan tranquila, segura de si misma.
Llega el momento, la tan ansiada colisión.
- ¡ Dani!, dice mi nombre ilusionada.
- Ho... Ho.. Hola, digo al fin.
- Tranquilo, que no muerdo, dice mientras me muestra su hermosa sonrisa.
Entonces, respiro y consigo volver a pensar.
- Jajaja, ya lo sé, tranquila es que no te esperaba ver por aquí, ¿ qué tal estas?
- Muy bien, acaso ¿ no me crees capaz de llegar hasta la universidad?, sonríe desafiante, pero bueno te lo paso por alto... a todo esto, ¿ a dónde ibas con tantas prisas?.
- Pues a química que tengo clase con el pedante del Sargento.
-¿ Sí? Anda yo también, no sabía que ibas a esa clase.
- Pues sí, acaso ¿ no me creías capaz?
- Bueno... jejeje
- Bueno pues si no te das prisa me parece que llegaras tarde a química, le saco la lengua y echo a correr.
- ¡ Eh! ¡Tú!, se oye al final del pasillo.
Ahí estábamos los dos, corriendo como tontos para no llegar tarde, yo delante y ella detrás.
A partir de ese día descubrimos muchas más cosas de los dos, estudiábamos casi las mismas asignaturas, en la misma facultad, en la misma clase...
A partir de ese día, comenzamos a ponernos juntos en clase, a partir de ese día las clases comenzaron a darnos igual.
A partir de ese día...
- ¿ Sabes qué?, dice ella entre susurros.
- No, dime.
- Yo antes era una alumna ejemplar, me sentaba delante en clase, estaba atenta, tomaba apuntes, en cambio a hora, me siento en última fila, no paro de hablar, no estoy atenta y no tomo apuntes.
- Sí , claro y ahora también me dirás que eres casta y pura, ¿ no?.
Entonces me da un codazo no muy fuerte en la costilla mientras dice levemente enfadada: ¡Idiota!.
Después de eso no puede soltar una carcajada que rompió aquel silencio solamente interrumpible por aquel profesor.
De repente todo el mundo mira hacia atrás incluido el profesor.
Siento mi corazón latir con fuerza, me pongo nervioso, ella colorada.
- Ya son mayorcitos para estar haciendo el tonto en mi clase. ¡Fuera!.
Acto seguido escapamos corriendo entre risas casi imperceptibles cerrando con fuerza la puerta de madera que separaba aquella sala del pasillo.
- Yo antes hablaba en clase, nunca me echaban a la calle, dice ella apoyada en la puerta.
- No estás en la calle, estás en pasillo, sonrío levemente.
- Tonto, responde ella con voz aniñada.
Entonces la beso, es un beso profundo, un beso con amor, un beso que no quiere fin.
A partir de ese día... sé a ciencia cierta que... estoy enamorado.
Ahí estoy yo, corriendo bajo el frío de la mañana sumido en mis más profundos pensamientos hasta que un timbre choca contra el más profundo pensamiento, vuelvo a la realidad, una bici que viene en dirección, me aparto rápidamente y acto seguido oigo una voz que dice: ¡ Gilipollas, mira por donde vas!.
En ese instante me paro, noto el corazón a mil por hora, casi me atropella una bici, a saber cuanto tiempo llevaba corriendo, pienso.
Sonrío, ¿ será que me estaré enamorando?.
Al día siguiente vuelta a la rutina, ahi esta otro día más aquel maldito despertador, ese que nunca suena a gusto de todos, me levanto y voy a desayunar, por suerte la cafetera ya está puesta y el café hirviendo, que haría yo sin mi madre, pienso.
Desayunar, arreglar aquel desaliñado pelo, vestirse y salir corriendo no sin antes decir un: ¡Adiós, mamá!.
Siempre lo mismo, todo en el mismo orden, suspiro.
Voy tarde como de costumbre, echo a correr y entró en la facultad. No tardo mucho en llegar, me cuelo en clase con gran disimulo y agilidad y me voy al final, a mi sitio al lado de la ventana y cerca de mis amigos.
Diciendo esto pensareis que soy el típico vago que no va a clase y que está siempre pidiendo los apuntes del último día, pero la verdad es que soy bastante estudioso saco buenas notas, aunque la verdad me paso algunas clases mirado tras el cristal, pero siempre estoy atento.
Suena el timbre, pufff ahora tengo que ir hasta el otro lado de la facultad, bostezó y de repente siento una colleja por detrás.
-¡ ay! digo, fingiendo dolor.
- ¡ Bah! No te quejes que eres un nenaza,jajajaja.
- ¡Ahora verás!, acto seguido le doy un puñetazo en el hombre a mi gracioso amigo.
- ¡ Auu!, vale estamos en paz, y bueno, ¿ qué tal?
- ¿ Cómo qué que tal Pedro?, respondo algo confuso.
- Si, ¿ te la tiraste?
- Jajajaja, respondo con una sonora carcajada.
Pedro siempre es muy directo, y muy bromista aunque muchas veces me dan ganas de ostiarle, pero en el fondo no lo hago, supongo porque en el fondo es mi mejor amigo, quizás algo creído, pero bueno se puede pasar.
- Eso es que no ¿eh?, responde intentado hacerme rabiar.
- A ver ella es especial...
- Sí claro, especial porque no te la quiso chupar, lo que es una puta estrecha.
- ¡Eh! Sin faltar, respondo enfadado.
- Bueno, bueno tranquilo, no me pegues, además si no te das prisa llegaremos tarde a clase.
Pedro echa a andar y yo le sigo, en ese instante le hubiera partido la cara, no podía permitir que dijera eso de esa chica tan especial, de mi chica quizás.
De repente un escalofrío me recorre el cuerpo, miro hacia atrás sin saber por qué, y ahí está ella, no puede ser pienso. Me froto los ojos, pestañeo varias veces, y vuelvo a mirar, sí, es ella y me está mirando y viene hacia a mí. Me pongo nervioso, estoy en blanco, no sé que hacer, y en cambio ella viene tan tranquila, segura de si misma.
Llega el momento, la tan ansiada colisión.
- ¡ Dani!, dice mi nombre ilusionada.
- Ho... Ho.. Hola, digo al fin.
- Tranquilo, que no muerdo, dice mientras me muestra su hermosa sonrisa.
Entonces, respiro y consigo volver a pensar.
- Jajaja, ya lo sé, tranquila es que no te esperaba ver por aquí, ¿ qué tal estas?
- Muy bien, acaso ¿ no me crees capaz de llegar hasta la universidad?, sonríe desafiante, pero bueno te lo paso por alto... a todo esto, ¿ a dónde ibas con tantas prisas?.
- Pues a química que tengo clase con el pedante del Sargento.
-¿ Sí? Anda yo también, no sabía que ibas a esa clase.
- Pues sí, acaso ¿ no me creías capaz?
- Bueno... jejeje
- Bueno pues si no te das prisa me parece que llegaras tarde a química, le saco la lengua y echo a correr.
- ¡ Eh! ¡Tú!, se oye al final del pasillo.
Ahí estábamos los dos, corriendo como tontos para no llegar tarde, yo delante y ella detrás.
A partir de ese día descubrimos muchas más cosas de los dos, estudiábamos casi las mismas asignaturas, en la misma facultad, en la misma clase...
A partir de ese día, comenzamos a ponernos juntos en clase, a partir de ese día las clases comenzaron a darnos igual.
A partir de ese día...
- ¿ Sabes qué?, dice ella entre susurros.
- No, dime.
- Yo antes era una alumna ejemplar, me sentaba delante en clase, estaba atenta, tomaba apuntes, en cambio a hora, me siento en última fila, no paro de hablar, no estoy atenta y no tomo apuntes.
- Sí , claro y ahora también me dirás que eres casta y pura, ¿ no?.
Entonces me da un codazo no muy fuerte en la costilla mientras dice levemente enfadada: ¡Idiota!.
Después de eso no puede soltar una carcajada que rompió aquel silencio solamente interrumpible por aquel profesor.
De repente todo el mundo mira hacia atrás incluido el profesor.
Siento mi corazón latir con fuerza, me pongo nervioso, ella colorada.
- Ya son mayorcitos para estar haciendo el tonto en mi clase. ¡Fuera!.
Acto seguido escapamos corriendo entre risas casi imperceptibles cerrando con fuerza la puerta de madera que separaba aquella sala del pasillo.
- Yo antes hablaba en clase, nunca me echaban a la calle, dice ella apoyada en la puerta.
- No estás en la calle, estás en pasillo, sonrío levemente.
- Tonto, responde ella con voz aniñada.
Entonces la beso, es un beso profundo, un beso con amor, un beso que no quiere fin.
A partir de ese día... sé a ciencia cierta que... estoy enamorado.
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